Capítulo 2: Teoría Pragmática

Introducción

A pesar de que fue definida en sus orígenes como el cajón desastre de la semántica, esta disciplina ha gozado de una gran proliferación en las últimas décadas, y la producción bibliográfica en todo su conjunto que existe en torno a las diferentes cuestiones y marcos teóricos de la mismas es cuando menos inabarcable. Ya que tanto el objetivo como la novedad de este trabajo no reside en la parte de teórica, voy a tocar los temas más frecuentes y las teorías más relevantes de esta disciplina pero de una manera breve y concisa.

Introducción a la Pragmática

Raíces filosóficas del movimiento

En un sentido amplio, pragmatismo o filosofía pragmática hace referencia a una concepción filosófica que defiende no solo una distinción entre teoría y práctica, sino también la primacía de la segunda frente a la primera . En cuanto a corriente filosófica, el pragmatismo se originó a finales del siglo XIX y se desarrolló a lo largo del XX, fundamentalmente en EEUU. Sus principales representantes son C. P. Peirce, W. James y J. Dewey. En la filosofía alemana, los representantes más importantes del pragmatismo filofósico son J. Habermas y K.O. Apel, los cuales se centrarán en el análisis de las condiciones que posibilitan la comunicación, de sus presupuestos y sus implicaciones, abarcando en este programa de investigación los campos de la ética y la política.
De las vertientes que unen esta corriente filosófica, destacaremos dos puntos comunes a todas. El primero de ellos se centra en la importancia que se le concede a la práctica, a la experiencia concreta, a los aspectos aplicados del conocimiento y a los contextos concretos de uso. El segundo punto en común de estas vertientes como corriente filosófica es el concepto de verdad. La pragmática critica la correspondencia realista entre las proposiciones y la realidad descrita por dichas proposiciones. Cuestiona la posibilidad de verdades absolutas, concebidas independientemente de un contexto. Además, complementa la noción de verdad con las nociones de suceso y felicidad, que deben dar cuenta específicamente de la consideración del lenguaje como acción, atendiendo a sus efectos y consecuencias en contextos determinados .

Definiciones del término Pragmática

Dentro de la Lingüística, la definición más antigua de esta disciplina nos llega de la mano de C. Morris en 1938, que además fue el primero en usar este término con su uso contemporáneo. Según este autor, la Pragmática es el estudio de la relación entre los signos y sus intérpretes. Posteriormente, R. Carnap, lógico y filósofo de la ciencia, la definiría como el estudio de la relación entre el lenguaje y sus usuarios .
A partir de aquí, surgen un gran número de definiciones; en el sustrato de cada una de ellas hay una parcelación diferente del significado y, por tanto, una concepción distinta de los límites de la Pragmática, de los de la Semántica y del papel que juega la forma lingüística.
Graciela Reyes, en su manual para alumnos universitarios, señala que la pragmática empieza con un intento de encontrar el sentido de la conducta lingüística. Y la define como la disciplina lingüística que estudia cómo los hablantes interpretamos enunciados en contexto.
Para un lector especializado, daré otra definición de Pragmática que me posiciona más dentro de lo que hemos llamado antes la delimitación de los límites de la disciplina y su relación con lo estrictamente lingüístico.
En el ya clásico manual de Pragmática de Levinson , se presenta todo un capítulo dedicado a comentar críticamente las diferentes definiciones que existían hasta la fecha de este término. Para este trabajo, se ha seleccionado la definición que está más acorde con la concepción de Pragmática que subyace a este trabajo:

La pragmática es el estudio de aquellas relaciones entre el lenguaje y el contexto que están gramaticalizadas, o codificadas en la estructura de una lengua. pág. 8

Tal y como explica este autor en su crítica a dicha definición, aquí solo se tratan los aspectos de la pragmática que atañen a la estructura lingüística, pero no la parte que atañe a los principios de uso del lenguaje, o al menos sólo indirectamente en la medida en que influyen en la organización lingüística. En efecto, este trabajo concentra su atención en esta relación entre contexto y forma lingüística codificada, ya que en él se trabaja con datos procedentes de un corpus cuyo tratamiento pretende ser lo más automático posible.

Relación entre Gramática y Pragmática, Semántica y Pragmática, y Pragmática y otras ciencias

Primero de todo, debemos decir que la bibliografía en torno a esta cuestión es muy extensa, lo cual indica la enorme preocupación que existe dentro de esta comunidad científica por delimitar estos campos; hecho que, dicho sea de paso, puede tener sus consecuencias en la financiación de proyectos de investigación y en la representación a nivel departamental de esta disciplina dentro del darwiniano mundo de la universidad. No obstante, advierto al lector de que pasaré superficialmente sobre esta cuestión, ya que en este caso, como en la mayoría, es imposible enunciar una opinión si previamente uno no se posiciona, ideológicamente hablando, dentro de una corriente determinada.
Respecto de las relaciones entre Gramática y Pragmática, de nuevo también en esta ocasión, los marcos teóricos nos ofrecen un amplio abanico de posibilidades. Una de las cuestiones más relevantes que se trata es la de si considerar a la Pragmática como un módulo de la gramática, a la altura de la sintaxis, el léxico o la semántica, o bien, considerarla, una dimensión de estudio, como de hecho son partidarios conocidos pragmatistas en España como Portolés, Reyes y Fuentes .
En lo que respecta a esta cuestión, nos gustaría destacar aquí que los últimos estudios desarrollados en Neurociencia defienden que, en términos biológicos, hay aspectos del lenguaje que van más allá de la gramática y que implican a otras regiones del cerebro diferentes a las tradicionalmente asociadas al lenguaje (Broca y Wernicke), como por ejemplo, las zonas dedicadas al razonamiento social y personal o a la cognición social, donde en concreto se concentra la habilidad para hacer hipótesis sobre las intenciones y las disposiciones de los otros. Así pues, las áreas del cerebro identificadas por los neurólogos para las funciones sociales pueden ser las mismas que se usan a la hora de decidir qué decir y cómo decirlo en una situación comunicativa .
En cuanto a la relación entre Semántica y Pragmática, insistimos en que, dependiendo del marco teórico al que nos acojamos, la posición cambiará. En principio, la postura clásica, establecida por Gazdar en su famosa ecuación (pragmática es igual al significado menos condiciones de verdad) la pragmática se ocuparía de los sentidos contextualmente condicionados que se añaden al significado puramente lingüísticos fruto de la gramática de una lengua. Pero a partir de aquí hay posiciones que cada vez proponen versiones más abarcadoras de la disciplina. Leech define la Pragmática como el estudio del significado de los enunciados, y a la semántica, como el estudio del significado de las oraciones. Normalmente se utiliza el término Pragmática radical (Radical Pragmatics) para designar a aquellos pragmatistas que defienden que muchos fenómenos que hasta la fecha se habían considerado semánticos en el fondo eran de naturaleza pragmática. La teoría de la Relevancia, que pasaremos a explicar un poco más abajo, defiende que la Pragmática se ocupa de la capacidad de la mente que permite crear significados a partir del contexto. En España, José Portolés y Martín Zorraquino ( y ) defienden una Pragmática integrada dentro de la semántica, y se acogen a los descubrimientos de la teoría de la argumentación para justificar que la continuación de un discurso no se debe exclusivamente a motivos contextuales o de conocimiento del mundo, sino que está lingüísticamente condicionada. Así por ejemplo, tal y como explica Portolés en , los operadores meliorativos y peliorativos tales como desgraciadamente o afortunadamente, determinan la consecución de los enunciados posteriores. De modo que, siguiendo un ejemplo suyo, un enunciado como Rodríguez solo es director general tiene un abanico amplio de inferencias, cuyas posibilidades de interpretación se ven reducidas si añado un operador del tipo: Gracias a dios, Rodríguez solo es director general. Según este autor, el uso de este operador fuerza un contexto, un marco de interpretación, de tal manera que, como veremos más adelante, solo unos conocimientos implícitos y no otros podrán aplicarse.
Por último, encontramos las concepciones de la Pragmática procedentes de la Enseñaza de Lenguas Extranjeras; la cuales amplían tanto el objeto de análisis de la Pragmática que, en palabras de J. Portolés, terminan por convertirla en una disciplina extremadamente abarcadora. Veamos cuál es la posición de este autor al respecto:

En ciertos ámbitos, se ha favorecido la identificación del estudio de la competencia comunicativa de una lengua con la Pragmática y se habla de competencia pragmática. El problema que presenta para la Lingüística esta competencia pragmática reside en que muchos fenómenos que le interesan a la competencia comunicativa tienen más que ver con el antropólogo o el sociólogo que con el lingüista. Si se amplía la pragmática hasta identificarla con el estudio de la competencia comunicativa, creo que habría que dar un paso atrás y distinguir entre una pragmática propiamente lingüística y otra que fuera objeto de sociólogos, psicólogos o antropólogos.

Los fenómenos que vamos a etiquetar en nuestro corpus se situarían en la interfaz entre Semántica y Pragmática. Algunos de ellos, como la evidencialidad, entrarían, académicamente hablando, dentro de la Semántica; no obstante, la Pragmática también es una parcela de investigación donde se estudian fenómenos de los que la Gramática tradicional no había dado cuenta hasta el momento como, por ejemplo, la explicación del significado de ciertas partículas como las interjecciones, o los marcadores del discurso. En este sentido, los pragmatistas coinciden generalmente en señalar dos ideas, de las cuales han surgido terrenos de investigación propios y característicos de la pragmática. Dichas ideas son, en primer lugar, la crítica al generativismo y al estructuralismo los cuales la acusaban al principio de usar criterios pretendidamente extralingüísticos por quedarse en el nivel de la oración y explicar el código pero no el uso de la lengua, y en segundo lugar, la crítica a la Gramática tradicional en general y a la Semántica en particular, por ignorar fenómenos del significado como la modalidad, la enunciación o la polifonía .

Conceptos de Pragmática: enunciación y enunciado, inferencia, presuposición, implicatura y contexto

Enunciado y enunciación

La teoría de la enunciación, basada en las ideas de Emile Benveniste y enriquecida posteriormente por O. Ducrot, centra al enunciado y no a la oración en el punto de mira análisis lingüístico, ya que estudia todos los fenómenos derivados del análisis de la lengua cuando se emite en un tiempo y espacio determinado y por un hablante en concreto. El estudio del hombre en la lengua, en palabras de Benveniste , es la perspectiva que enmarca estos trabajos de corte neoestructuralista. En este sentido, la enunciación se entiende como un proceso, mientras que el enunciado se entiende como un producto. Además, es importante destacar que los enunciados no tienen por qué ser oraciones de sujeto y predicado siempre. En C-Oral-Rom hay enunciados que son un sintagma o simplemente un adverbio, como por ejemplo, , o un signo paralingüístico como un asentimiento.

Inferencia

El estudio de las inferencias ha adquirido tanta relevancia que actualmente se consideran el núcleo de la comprensión e interpretación de la realidad y, por tanto, uno de los pilares de la cognición humana. Desvelar las claves del funcionamiento de las inferencias permitiría comprender mejor el funcionamiento mental, la adquisición y comprensión del conocimiento; al tiempo que nos aclararían las posibles conexiones que enlazan diferentes recursos cognitivos tales como razonamiento, la percepción, la memoria y el aprendizaje.
Dentro del estudio de las inferencias, el discurso se ha convertido en un objeto de estudio por parte de la disciplina la Psicología del texto, ya que este último probablemente sea el principal medio de que nos servimos las personas para expresar nuestro conocimiento.
Son muchos los intentos que se conocen por clasificar las inferencias. Se han hecho tipologías atendiendo a su contenido, a su función, a su forma lógica o a su dirección (inferencias hacia atrás e inferencias hacia adelante), siendo esta última una de las clasificaciones más utilizadas. En las inferencias hacia atrás se establece una conexión o puente entre dos frases uniendo la información recientemente leída con la inmediatamente anterior. Con mucha frecuencia se asigna a este tipo de inferencias la responsabilidad de mantener la coherencia local del texto; las inferencias hacia delante permiten predecir los hechos o los acontecimientos posteriores. Por último, está la dicotomía entre inferencia semántica e inferencia pragmática: las primeras se basan en la aplicación de reglas formales que conducen al cien por cien de la certeza, mientras que las segundas se basan en las creencias de las personas, que asumen como cierto y probable verdades que no tienen por qué serlo . Pongamos a continuación un ejemplo de cómo funciona esta capacidad inferencial en el ser humano.
Con motivo de la huelga de transportistas del verano del 2008, se escucharon en los medios de comunicación enunciados de este tipo: Han matado a un piquete informador. La policía ha pasado a la acción. Si fuéramos una especie de otro planeta con inteligencia para estudiar cómo funciona la mente y el lenguaje en los humanos, la primera sorpresa que se llevaría nuestro extraterrestre es que después de emitir este ejemplo que acabamos de señalar la mayoría de la población oyente seguramente haya inferido que es la policía quien ha matado al piquete informativo, aunque en ningún sitio del ejemplo aparezca especificada esta información, y a pesar de que nadie se atrevería a argumentar explícitamente que así ha sido a la vista de pruebas que proporciona el enunciado. Sin embargo, esto habrá sido lo que probablemente se haya inferido como una verdad, y a pesar de que dicha verdad diste mucho de la que es producto de un silogismo o de un razonamiento lógico. Esto es lo que se ha denominado inferencia. Las inferencias es el centro de análisis de teorías que posteriormente trataremos como la de Grice o la de Sperber y Wilson.
Siguiendo con nuestro imaginario extraterreste, la segunda cosa que seguramente le sorprendería bastante es la de que las inferencias a pesar de ser implícitas sean compartidas por oyente y hablante. Veamos qué nos dice el investigador José Portolés al respecto en su artículo Pertinencia y Pragmática :

El considerar las inferencias como un constituyente de la comunicación obliga a pensar que algún mecanismo permite que sean previsibles; de otro modo los hablantes solo constituiríamos enunciados que no exigieran ningún enriquecimiento inferencial, por temer a no ser comprendidos.

Aunque la telepatía sea cosa de los mundos de ficción, buena parte de la comunicación se realiza dando por supuesto que el otro sabe lo que nosotros estamos pensando. De tal manera que existe una relación proporcional en las relaciones humanas entre comunicación y conocimientos compartidos, y por tanto inferencias comunes.

Presuposición e implicatura

La pasada Semana Santa interrumpí mi animada conversación con un gran amigo para pedirle fuego a uno de los dos barrenderos que pasaban por allí. Como el primero me contestó que no, le pregunté al compañero, y este, que tampoco tenía, el lugar de contestarme yo tampoco, sus conocimientos de la lengua española le hicieron responder: yo también.
Creo que este es un buen ejemplo para comenzar a hablar del concepto de presuposición a aquellos que no conozcan el significado de esta palabra. Parece claro por tanto que por presuposición se entiende aquella información en la que la proposición del enunciado se apoya. En el caso arriba señalado, el enunciado yo, también se apoya en la presuposición de no tener fuego, que por ser negativa requeriría la palabra tampoco, en lugar de la de también, regla que el hablante no nativo todavía no había adquirido.
La presuposición es uno de los temas predilectos de la Pragmática pero, sin embargo, no es la única disciplina que la toma como objeto de estudio. Respecto de la presuposición existen dos grandes debates. El primero de ellos gira en torno a su naturaleza gramatical; el segundo, en torno a su naturaleza semántica o pragmática. Respecto del primero, Chomsky ya se posicionó en su día diciendo que la presuposición formaba parte de la sintaxis ya que es necesaria para aclarar asuntos que él considera de naturaleza sintáctica como, por ejemplo, la elipsis . La semántica lógica, por su parte, considera que es a ella a quien les corresponde estudiar este concepto y su realización en la lengua, ya que esta información ni es de naturaleza contextual ni depende del hablante. Así por ejemplo, en el famoso y citadísimo ejemplo de Frege: El rey de Francia es calvo, se presupone que Francia tiene rey, sin recurrir al contexto. Sin embargo, y ya para terminar, la Pragmática considera que la presuposición también es su responsabilidad ya que hay inferencias que sí se basan en el contexto y en la posición del hablante respecto de lo enunciado, que serían aquellas que se basaran en aquellos conocimientos de naturaleza cultural o social y no en la información gramatical que se acaba de recibir, la cual se va archivando a medida que se va recibiendo y que tiene consecuencias en la gramática de los enunciados que vienen después, como el caso de la elipsis en el ejemplo de yo, también.
Para terminar con el tema de la presuposición, me gustaría hacer solamente un último comentario en torno al tratamiento que se le da en los estudios que he consultado al respecto. En ellos, las presuposiciones son representadas gráficamente en términos de proposiciones lógicas, y sus estudiosos dan por supuesto que de hecho las presuposiciones son proposiciones lógicas, cuando todavía desconocemos empíricamente qué forma de representación mental tiene el conocimiento inferido, tanto el presupuesto como el implicado, del cual pasaremos a hablar a continuación.
Si la presuposición podría definirse como una inferencia que funciona hacia atrás, la implicatura se puede definir como una inferencia que funciona hacia adelante. Un ejemplo de implicatura lo tenemos en el caso que mencionamos más arriba sobre las diferentes conclusiones que se pueden obtener de enunciados del tipo Es pobre pero honrado: me casaré con él; Es honrado pero pobre, no me casaré con él.
Para terminar este apartado me gustaría volver a la cuestión de la predictibilidad de las inferencias. Tanto de aquellas que funcionan hacia atrás (presuposición) como las que funcionan hacia adelante (implicatura). ¿Cómo es posible que infiramos cosas que no están dichas claramente y que la mayoría de las veces, aunque no todas, acertemos? A pesar de que desarrollaremos más esta reflexión en el capítulo dedicado a la Inteligencia Artificial, me gustaría ya adelantar que tal y como ha señalado Morgan (en ) los mecanismos inferenciales pueden sufrir procesos de institucionalización, es lo que Morgan llama, recurriendo a una metáfora biológica, implicaturas cortocircuitadas, esto es, dinámicas de pensamiento o, como a mí me gusta llamarlas, rutas neuronales tan trilladas que se vuelven evidentes, tan evidentes que no hace falta explicitarlas. El perdona pero no quise decir eso, por ejemplo, es una fórmula que en muchos casos se usa para atenuar estas inferencias convencionalizadas cuya institucionalización escapa a nuestro control y uso individual de la lengua.
Para ilustrar esto último, me gustaría incluir el magnífico ejemplo que G. Reyes incluye en su manual de Pragmática para explicar el concepto de Pragmática:

Porque te quiero mucho dijo Ludmilla, y por una de esas astucias del idioma el mucho le quitaba casi toda la fuerza al quiero.

Julio Cortázar, Libro de Manuel, 1973, pag. 94. en

El concepto de contexto

¿Qué es el contexto? Por un lado, hay un acuerdo general en subrayar la importancia de este concepto para el estudio del uso del lenguaje:

La concepción inferencial de la comunicación solo se puede explicar si se tiene en cuenta el contexto. Este contexto siempre es mental y lo forma un conjunto de suposiciones que permiten la comprensión de un enunciado. Estas suposiciones o se hallan ya en nuestra memoria, o se crean en nuestra mente en el momento de la comunicación […] Para dar cuenta del uso efectivo de una lengua, es tan importante la propuesta de un principio que guíe las inferencias como la explicitación del ordenamiento de nuestro contexto mental.

A pesar de dichas afirmaciones sean ampliamente compartidas, no se ha llegado todavía a un acuerdo sobre cómo racionalizar, sistematizar y en definitiva dar cuenta de los contextos. Lo más cercano a dicha sistematización, muy pobre a efectos pragmáticos, han sido los guiones (secuecias de actos estereotipadas basada en nuestra memoria de situaciones) programados desde la IA, desde otras parcelas como la Pragmática o la F. del Lenguaje, se intentan establecer primero qué tipo de conocimientos conformaría el contexto, pero todavía nadie ha logrado formalizar en su sistema de reglas las normas y los conocimientos que están detrás de una situación comunicativa. Llevar a la práctica esta idea es todo un reto intelectual sobre todo si tenemos en cuenta la visión de la la Teoría de la Relevancia, según la cual, el contexto es algo dinámico:

Cualquier suposición nueva se procesa siempre en relación con el contexto mental que proporcionan otras suposiciones anteriores, las cuales funcionan a modo de premisas en la operación inferencial de interpretación. Según este planteamiento, en un proceso inferencial, la información conocida opera como contexto a partir del cual se contrasta la información nueva.

En tercer lugar, el contexto desempeña un papel decisivo en la intepretación de todos lo enunciados. En esta teoría el contexto no está predeterminado, se construye al interpretar. Para Sperber y Wilson, el contexto es un conjunto de premisas usadas en la interpretación de un enunciado; es decir, una serie de suposiciones que son accesibles mentalmente para los interlocutores. Así pues, el contexto sería de naturaleza cognitiva e implicaría creencias, recuerdos, conocimientos del mundo, etc. Cualquier suposición nueva se procesa siempre en relación con el contexto mental que proporcionan otras suposiciones anteriores, las cuales funcionan a modo de premisas en la operación inferencial de interpretación. Según este planteamiento, en un proceso inferencial, la información conocida opera como contexto a partir del cual se contrasta la información nueva. .
A esta concepción del contexto como algo flexible, algo que se va rehaciendo conforme se produce la interacción, ha contribuido la obra del sociolingüista John Gumperz. Gumperz propuso el concepto de índices de contextualización para referirse a distintos elementos lingüísticos o no lingüísticos que sirven, si bien muchas veces de forma inconsciente, para construir el contexto en una situación determinada, y que además influyen en cómo se comprende el mensaje. Estos índices contribuyen a la contextualización necesaria para que los hablantes interpreten adecuadamente la actividad discursiva que se está realizando y actúan, al menos, en los siguientes niveles: la prosodia, los elementos paralingüísticos, la elección de código y la elección de formas léxicas o de fórmulas. La deixis social también sería una índice de contextualización .
De nuevo como en el caso de la presuposición, existen muchas dificultades no solo para definir qué incluye el contexto, sino también para saber cuál es la mejor forma de representarlo. La Psicología cognitiva propone que los contextos son modelos mentales , y desde las vertientes más lingüísticas se defiende que estos se materializan en formas lógicas.
El debate sobre el conocimiento implícito, ya se hable de contexto, implicaturas, preposiciones o de inferencias en general, siempre nos devuelve al problema de la interacción entre el lenguaje natural y el lenguaje del pensamiento. La Lingüística Computacional y la Ia tienen que contar con este saber implícito tan importante para la comprensión del funcionamiento de las lenguas naturales como instrumentos de comunicación.
Pasemos pues, una vez explicados los conceptos básicos de esta disciplina, a la exposición de sus marcos téoricos más relevantes, ya que la Pragmática a día de hoy no dispone de un modelo teórico unificado. Lo que el lector encontrará aquí será una breve exposición de cada una de ellas. Cada uno de los planteamientos que presentamos a continuación aportan una visión nueva de la comunicación lingüística en el ser humano, y bajo mi punto de vista 1, estos conocimientos se tienen que tener en cuenta a la hora de elaborar una teoría general de la comunicación.
La exposición parte de las teorías de naturaleza cognitiva, continúa con las que tienen un origen social, y termina con las que se centran más en la estructura lingüística. Los enfoques se presentarán por este orden: Teoría de la Relevancia, Teoría de los Actos de Habla, Máximas Conversacionales y Principio de Cooperación de Grice, Cortesía Lingüística, y, por último, Teoría de la Argumentación, un orden bastante diferente al cronológico2.

Pragmática y cognición: La teoría de la Relevancia

Tal y como ya se apuntó en la introducción, comenzamos con la Teoría de la Relevancia porque, a diferencia de las demás, esta teoría ofrece una gran amplitud explicativa sobre el funcionamiento de la comunicación en el ser humano.
Creo que para un lector no especializado, la mejor manera de entender lo que propone en términos básicos la teoría de la Relevancia es imaginando lo que nuestra mente hace cuando nos encontramos delante de las manchas que se utilizan en los test de Rorschach; esas manchas que en principio no significan nada y que son moldeadas por cada persona, de acuerdo con lo que hay en su mente, hasta hacerlas relevantes, hasta conferirles un significado.
La Teoría de la Relevancia de Sperber y Wilson presenta un modelo de comunicación alternativo al tradicional basado en la codificación-descodificación de signos lingüísticos. En el nuevo modelo, 3 durante la comunicación, tienen lugar los siguientes procesos: un proceso de interpretación de la realidad, una codificación lingüística de lo más relevante, una descodificación del mensaje y una interpretación del mismo en la mente del interlocutor.
Los procesos de codificación y de enriquecimiento pragmático están regulados por un principio cognitivo, esto es, automático e inconsciente, denominado Principio de Relevancia, según el cual, el hablante solo codifica la parte más relevante de lo que quiere comunicar, mientras que el oyente infiere todo lo que el hablante ha querido decir partiendo solamente de la parte codificada verbalmente por el hablante. La comunicación, por tanto, es inferencial, y está regulada por la ley de coste y beneficio, según la cual siempre se minimiza el coste de procesamiento y se maximiza el beneficio en términos de conocimiento. Solo se transmite lo que es relevante, y algo que es relevante es una información que despierta inferencias, que despierta significado a todos los niveles en las bases de conocimiento de los participantes.
Esta teoría se encuadra dentro del paradigma de las Ciencias Cognitivas, que siempre ha manifestado su interés por el modo en que el ser humano procesa y representa la información en el interior de la mente. En dicho paradigma, la mente se entiende como un mecanismo eficiente de procesamiento de la información , como un dispositivo mecánico destinado a consumir información (somos informavívoros en palabras de Miller) y que se hace comprensible desde un punto de vista científico usando el ordenador como metáfora estrella. Además, dicha teoría no sólo es respetuosa con el modularismo de Fodor sino que, frente a su pesimismo, se propone abrir un camino a la descripción del procesador central. La pragmática quedaría fuera por tanto de la competencia lingüística del hablante, no formaría parte del módulo lingüístico dedicado en la arquitectura diseñada por Fodor, y donde el generativismo ha encontrado un sitio para integrar su teoría dentro de dicha arquitectura.
La comunicación debe ser definida, como consecuencia, como un proceso inferencial. Esto no sería posible sin la capacidad del ser humano para hacer inferencias o razonamientos. No es necesario explicitar lo que es fácilmente inferible por el otro. En la fraseología del español encontramos bastante unidades fraseológicas con contenido metafórico que aluden al procesamiento inferencial de la información: ser cortito, no llegar, no coger los chistes, no pillar nada, etc. En el plano sociocultural, existen maneras diferentes de hacer inferencias según los marcos de cada uno. Así por ejemplo, las famosas diferencias sobre el uso del lenguaje por parte de las mujeres y los hombres remiten a procesos de interpretación diferente de las formas lingüísticas en un contexto determinado, y por tanto, a diferencias de criterio a la hora de establecer qué información es relevante y cuál no.
Por lo tanto, debemos empezar a comprender los enunciados lingüísticos como índices que conducen a un significado que no está en los textos y que está relacionado con la intención del hablante, pero que al mismo tiempo se apoyan en la base de conocimientos comunes para asegurarse de la interpretación correcta del enunciado.
Así pues, según los partidarios de esta teoría, el proceso de descodificación o recepción pasa por diferentes etapas (si son seriales o paralelas se desconoce por completo): desambiguación en la asignación de referentes, enriquecimiento o especificación de referencias (explicaturas 4), y conclusiones (implicaturas).
Un mensaje relevante es un mensaje que crea efectos contextuales, que enriquece el mundo de conocimientos del que lo recibe sobre la base de sus supuestos. No siempre los mensajes tienen el mismo grado de relevancia, puede ser que la información nueva sea tan nueva que sea incapaz de relacionarse con algún supuesto y de integrarse en el mundo de creencias; en otras ocasiones, puede ocurrir que la información para el locutor sea conocida y por tanto menos relevante; y finalmente también puede ocurrir que sea tan contradictoria que sea difícil atribuirle un significado. En principio, lo ideal sería que el coste fuera mínimo y el beneficio máximo, pero pensemos que el aprendizaje, por ejemplo, de una lengua extranjera requiere en su primera etapa un coste procedimental alto frente al beneficio recibido en términos de información relevante.
En el proceso de interpretación de un enunciado, buena parte de su relevancia pasa por inferir su relación entre el valor de verdad y el plano de la acción social, como lo que sucede cuando decimos Me estás pisando.
La teoría de la Relevancia ha recibido bastantes críticas en lo que respecta fundamentalmente a su estatus científico. Como ya hemos señalado, esta teoría defiende que la comunicación se rige por un principio cognitivo que automáticamente enriquece los enunciados escuchados con el conocimiento almacenado en la mente creando implicaturas. Durante esta operación se buscan para los enunciados los mayores efectos contextuales, mayor beneficio en términos de conocimiento con el menor coste de procesamiento. Cuatro son las críticas que vamos a enumerar a continuación.
La crítica más importante a esta teoría, dentro del marco popperiano, es que no se puede falsar, esto es, no se puede demostrar que sea falsa, ya que todavía no podemos medir el coste de energía de procesamiento cognitivo que realiza un hablante al interpretar un enunciado ; respecto de esta crítica, Montolío señala que esto se trata de un problema empírico que ha de resolver la neurociencia, no la pragmática; sin embargo, desde mi punto de vista, aunque no sea competencia de la Pragmática calcular empíricamente el coste de procesamiento de la información, no debemos de obviar que esta teoría se levanta sobre unos valores de verdad que hoy en día, a pesar de las técnicas de la Neurociencia para visualizar la actividad cerebral, son muy difíciles de demostrar, y tendrán que pasar aún unos años antes de saber si al principio de Relevancia se le puede considerar una entidad relevante dentro del funcionamiento de la mente entendida como una entidad física. De momento, la mente es como la energía oscura sabemos que está allí, que influye en los procesos de creación de la materia pero no podemos dar cuenta de ella.
La segunda crítica, enunciada por el psicólogo Sánchez Zavala, está dirigida a la consideración de la comunicación como un proceso exclusivo de intercambio de información, negando la parte emocional de dicho proceso .
En tercer lugar, la teoría de la Relevancia explica cómo los seres humanos procesamos la información dentro del marco de la comunicación, sin embargo, este marco no explicaría el funcionamiento del lenguaje interior dentro de la mente, y su función cognitiva .
En cuarto lugar, algunos autores alegan que esta visión de la Pragmática entraría dentro de la Psicología más que de la Lingüística o de la Gramática, ya que deja fuera de su programa de investigación el estudio sobre los usos sociales de la lengua .

Teoría de actos de habla

Conceptos Básicos

La Teoría de los Actos de Habla, enunciada en sus orígenes por el filósofo del lenguaje Jean Austin y completada posteriormente por John Searle, es una de las reflexiones existentes más sistemáticas sobre la relación entre el uso cotidiano del lenguaje y el plano de la acción humana. Según Austin, el lenguaje ha sido a lo largo de la historia un instrumento que el hombre ha ido perfeccionando de generación en generación con el fin de servir eficazmente para todos los usos de la vida. Los enunciados no solamente expresan acciones sino que sirven para realizar acciones. Así por ejemplo, el acto de casarse se materializa cuando el hablante dice Sí, quiero. Otro ejemplo, muy citado en la bibliografía es el de la realización del acto de divorcio en algunos países del mundo árabe, el cual se lleva a cabo diciendo tres veces el enunciado Me divorcio de ti. Por tanto, y contrariamente al modo en que se venían estudiando los enunciados, no sólo es importante saber si un enunciado es verdadero o falso, sino que también es necesario saber si el acto que profiere es adecuado o no a una situación concreta, ya que esto asegurará la felicidad del mismo. Para que un enunciado se convierta en un acto tienen que darse una serie de condiciones tales como la existencia de un procedimiento convencional, la existencia de personas y circunstancias apropiadas, una actuación determinada por parte de los participantes, la sinceridad de los mismos, etc. Siguiendo con el ejemplo de la boda, sería un infortunio el hecho de que el que casara fuera en lugar de un cura el cantante de AC/DC; esto en pragmática se llamaría, como decimos, infortunio, e invalidaría el acto que hay detrás del Sí, quiero. Por otra parte, si existe una falta de coincidencia entre lo que el enunciado dice que hace y lo que en realidad hace se llama infelicidad. Por ejemplo, que alguien te trate de insultar con la palabra maricón y la persona no se sienta insultada, al no considerar esta palabra un insulto sino como un adjetivo puramente descriptivo de una propiedad de la persona.
Para Austin, hablar una lengua es tomar parte en una forma de conducta gobernada por reglas. El lenguaje es un tipo particular de acción, y debería integrarse dentro de una Teoría general de la Acción; según este autor, un estudio de las propiedades exclusivamente formales de una lengua no tendría sentido si no va acompañado de un estudio sobre el papel que desempeñan tales formas . Al igual que Goffman, Austin coincide en señalar que toda actividad lingüística es convencional, esto es, está controlada por reglas y los principios reguladores que utiliza el lenguaje no son, en esencia, diferentes de los que se sigue en todas las actividades humanas.
En el significado de un enunciado, hay que valorar tres tipos de actos cuyo conjunto se ha denominado la tricotomía de Austin:

  1. Acto locutivo: el acto realizado por el mero hecho de decir algo. Por ejemplo, Hay que bajar la basura, es una oración afirmativa cuyo significado es la suma de sus partes.
  2. Acto ilocutivo: el acto que se realiza al decir algo. En este caso, el acto ilocutivo del enunciado Hay que bajar la basura podría ser en un determinado contexto, una orden.
  3. Acto perlocutivo: el acto que se realiza por haber dicho algo, los efectos producidos. Siguiendo con el ejemplo, el acto perlocutivo sería que el receptor del enunciado terminara bajando la basura.

Así pues, un enunciado tendría un significado, una fuerza y unos efectos, y el acto de habla sería la unidad mínima de la comunicación lingüística.
Los estudiosos del campo de la Teoría de Actos de Habla suelen afirmar que Searle lleva a sus últimas consecuencias las ideas de Austin . Dos son las aportaciones más importantes de Searle a los planteamientos de Austin. El primero es asumir la idea de que realizar un acto ilocucionario es comprometerse a una forma de conducta gobernada por reglas. Una vez hecha esta asunción, Searle se propone reflexionar sistemáticamente sobre dichas reglas y su relación con el contenido proposicional de los enunciados. Para ello, este autor diferencia entre reglas regulativas y reglas constitutivas. Un ejemplo de la primera sería el melón se corta con cuchillo. Las reglas constitutivas serían por ejemplo las reglas del ajedrez o de cualquier juego, donde X cuenta como Y. Así pues, de la misma manera que un touch down cuenta como seis puntos, una promesa cuenta como una obligación futura. Por tanto, los actos ilocucionarios son actos realizados de acuerdo a un conjunto de reglas constitutivas, que de acuerdo con Searle la comunidad científica debe dejar claramente definidas como lo están las reglas del ajedrez.
La segunda novedad respecto de la teoría de su predecesor es la afirmación de que existe una relación regular y constante entre la fuerza ilocutiva y la forma lingüística. Searle presenta los siguientes tipos de actos de habla:

  1. Asertivos, que indican cómo son las cosas.
  2. Directivos, que nos dicen qué cosas hacen.
  3. Compromisivos, que encierran la promesa de hacer cosas.
  4. Expresivos, que expresan sentimientos y actitudes.
  5. Declarativos, que producen cambios a través de nuestros enunciados.

Otra idea interesante para la Lingüística Computacional es el intento de formalización de la teoría. Teniendo en cuenta el tipo de acto de habla, la formalización de un enunciado con su fuerza ilocutiva sería la siguiente: F(PR). Donde: F representaría los valores ilocutivos, P el predicado y R el sujeto.
No obstante, este es uno de los puntos más controvertidos de su posicionamiento teórico. Cada uno de los tipos de acto de habla según Searle está asociado con una determinada estructura lingüística. Los indicadores de la fuerza ilocutiva serán:

  1. Curva de entonación
  2. Énfasis prosódico
  3. Orden de palabras
  4. Predicados realizativos

Esta es la tipología más seguida en las aplicaciones de esta teoría a la Inteligencia Artificial. Sin embargo, cuando la teoría de los actos de habla se usa en la enseñanza de segundas lenguas los actos de habla se multiplican sin orden ni concierto. ¿Cuántos actos de habla hay en realidad? ¿Es una categoría cerrada o abierta? Austin insiste en su obra Cómo hacer cosas con las palabras en que la tipología de los actos se puede describir de la misma manera que el zoólogo clasifica una especie determinada. Todavía no hay un acuerdo en torno a estas preguntas, ni tampoco sobre la diferencia entre las acciones propias de los actos ilocutivos como pedir perdón, aseverar o preguntar y el resto de las acciones humanas como amar, leer o cocinar.
Para ir ya terminando me gustaría añadir que se ha contraargumentado a este autor con multitud de ejemplos en los que un mismo enunciado dependiendo del contexto puede tener un acto ilocutivo u otro. Escandell se pregunta en su manual si los investigadores en la materia han interpretado bien a Searle. En cualquier caso, las críticas que se le han hecho no están fundamentadas empíricamente ya que no hemos llegado a crear sistemas de descripción y de transcripción tan finos de los patrones de entonación como para comprobar si tiene o no razón, y de lo mismo se puede decir de la descripción del énfasis y del orden de palabras. Fenómenos registrados por la Lingüística actual pero que están muy lejos de ser descritos con detalle suficiente como para llegar a enunciar reglas de formalización en relación a los significados que codifican.
Como señala G. Reyes la teoría de los actos de habla presupone en efecto que todo acto lingüístico revela una intención y que es un ejercicio de sinceridad; pero postula a la vez que todo acto de habla para ser realizado también debe valerse de fórmulas reconocibles, que circulan en nuestro tesoro lingüístico. Por lo tanto, necesitamos fórmulas reconocibles, repetibles para hacer promesas, pedir perdón, elogiar, insultar, etcétera. Además, al igual que cuando hablamos de las inferencias, debemos añadir que los significados ilocutivos, esto es, las acciones implícitas en los enunciados, también están sometidas a convención. Como consecuencia de ello, habrá enunciados cuyo significado ilocutivo esté absolutamente convencionalizado, como por ejemplo en el caso de ¿Me puedes pasar la sal?, y otros en los que la interpretación sea más libre y más dependiente del contexto: Tengo frío. Morgan señala que hay dos tipos de convención, las convenciones lingüísticas y las sociales. El enunciado ¿Me puedes pasar la sal? sin llegar a ser una expresión idiomática está codificando en su proposición una convención de uso social.
Me gustaría concluir la exposición de los puntos más relevantes de esta teoría destacando la importancia de los significados ilocutivos en los enunciados, estos son tan imprescindibles en la comunicación que tal y como señala José Portolés a veces se nos olvida lo que nos han preguntado pero, sin embargo, no se nos olvida que era una pregunta.

El contrato comunicativo: Grice, Levinson, Lakoff

El centro de la investigación de Grice respecto de las oraciones está en el significado del hablante. Al proferir una emisión, un hablante intenta comunicar algo y, a la vez, intenta que su intención comunicativa se reconozca por un oyente: intenta, por ejemplo, inducir en él una creencia o lograr que se lleve a cabo determinada acción mediante el reconocimiento de su intención (la del hablante); lo que se busca en definitiva es que el oyente intente hacer algo o de que éste crea que el hablante cree algo.
Grice centra buena parte de su obra en explicitar los principios que regulan los intercambios comunicativos y que influyen en la interpretación de los enunciados. De nuevo, el significado implícito o inferido de un enunciado se convierte en el objeto de atención también por parte de este filósofo. Según este autor, los intercambios comunicativos están regulados por el Principio de Cooperación 5, el cual, a su vez, se desglosa en cuatro categorías: cantidad, cualidad, relación, y modalidad. La paráfrasis de dichas categorías en normas sería: dé usted la cantidad de información necesaria, no mienta, sea relevante, y sea claro, respectivamente. A diferencia del Principio de Relevancia, el Principio de Cooperación es puramente descriptivo, y se considera una manifestación más entre otras de la conducta racional del ser humano. A pesar de que Grice no aventura en ningún momento de su obra que dicho principio sea de carácter cognitivo, sí reconoce que no solo el comportamiento lingüístico se puede explicar mediante dicho principio, sino también cualquier tipo de actividad de la conducta humana que esté basada en la cooperación. El principio de racionalidad es una especie de condición preparatoria que se espera que los hablantes observen.
Una de las aportaciones más importantes de este filósofo es su famosa clasificación de las inferencias que provocan los enunciados y que no vamos a detallar aquí. Según él, en un enunciado hay que diferenciar por un lado lo que se dice, lo cual sería evaluable por una lógica de tipo veritativo-condicional, y por otro lado, lo que se comunica, esto es, el contenido implícito de un enunciado y que él denomina implicatura. Para ser más exactos, la implicatura sería la recuperación de un nuevo significado después de aplicar las reglas de deducción al enunciado escuchado. Dentro de las implicaturas, se hace hincapié en las conversacionales que surgen como resultado de la violación de algunas de las máximas y del supuesto de que se respeta el principio de Cooperación. 6
Grice reconoce que el esquema necesita ser ampliado para producir propósitos generales como influir y organizar las acciones de los otros. Leech amplió este esquema con la máxima sea cortés, mientras que Sperber, Horn y Levinson lo redujeron, como se explicará en la siguiente sección.
Los postulados conversacionales de Grice han recibido críticas por parte de la Etnografía. Ochs cuestiona todas las máximas conversacionales de Grice a través del estudio de una comunidad lingüística que habita en Madagascar. En dicha cultura, la gestión de la información nueva y conocida al igual que las normas de cooperación son diferentes. Así por ejemplo, se evita por todos los medios el uso de deícticos de persona ya que albergan la creencia de que esta práctica atrae fuerzas enemigas. Además si alguien tiene una información nueva que el resto de la comunidad desconoce pero que sabe que existe, la persona en cuestión automáticamente adquiere prestigio dentro de la comunidad y se espera que dicha persona no revele la información. Por último, evitan sistemáticamente realizar afirmaciones explícitas acerca de creencias, actividades y comprometerse con hechos futuros para no asumir la responsabilidad social que conlleva.

La vertiente social de la comunicación

Los seguidores de P. Grice

Pasemos ahora a revisar los modelos que intentan dar forma a la dimensión social de la comunicación, vertiente que se denomina Pragmática Social y, más concretamente, Cortesía Lingüística. Cuatro autores son tradicionalmente señalados en la bibliografía: R. Lakoff, G. Leech, P. Brown y S. Levinson. Estos autores han pasado a la historia de la Pragmática por el intento de formalizar en términos de reglas, principios y fórmulas, respectivamente, el escurridizo mundo de cómo los seres humanos gestionan en sociedad las relaciones humanas con el uso de la lengua. Al mismo tiempo, una característica común que une estos tres modelos es el deseo de completar el modelo conversacional de Grice. No está de más recordar que el principio de cooperación tiene como meta asegurar una transmisión de información eficaz; partiendo de este supuesto, la cortesía es una estrategia al servicio de las relaciones sociales; por tanto, en un extremo está la transacción y en el otro la interacción. Este es el modo en que lo han enfocado estos estudiosos: las relaciones humanas siempre son el resultado de una tensión constante entre el intercambio de información y el cuidado de los intereses sociales. Por tanto, para estos autores, la Cortesía, entendida como el conjunto de estrategias o normas sociales orientadas a regular la relación social (agresividad, respeto, cooperación, competitividad) de los miembros de una comunidad, sería el factor determinante por el que el Principio de Cooperación no se aplicara en toda su efectividad.
Por último, tampoco está demás señalar que la cortesía forma parte intrínseca de la racionalidad humana, la cual es por encima de todo una racionalidad social, siempre tenemos que atender a las normas, incluso para saltárnoslas, y siempre debemos considerar que la sociedad en realidad da muy poco espacio para decir a nivel cotidiano lo que uno realmente piensa.
El primer intento por sistematizar las normas de cortesía es elaborado por R. Lakoff desglosa la máxima de sea cortés en tres modalidades: no se imponga, ofrezca opiniones y refuerce los lazos de camadería.
G. Leech, por su parte, eleva lo que para Lakoff era un regla al estatus de principio: el Principio de Cortesía, el cual se puede dividir a su vez en seis máximas: tacto, generosidad, aprobación, modestia, acuerdo y simpatía. Dichas máximas regulan respectivamente el coste y el beneficio del hablante y del interlocutor en términos de autoridad, beneficio, desprecio, aprecio, desacuerdo y simpatía. Este principio, permite evaluar el grado de adecuación entre el enunciado y la distancia socialde los participantes . Aquellos actos que exigen más coste para el destinatario (y por tanto susceptibles de ser descorteses) son más susceptibles de indirección, y como consecuencia, se sacrifica el principio de eficacia informativa. Veamos un ejemplo de indirección del mensaje para atenuar el daño en el segundo enunciado:

  1. Tu hijo se ha suicidado cortándose las venas.
  2. Su hijo podría haber fallecido por una herida de arma blanca.

Por lo tanto, para Leech el principio de cortesía sería un principio regulador de la conducta.

Un modelo universal de cortesía

El modelo de Brown y Levinson constituye un paso más en la sistematización del modo en que se gestionan las relaciones sociales. Escandell afirma que es el intento más elaborado y estructurado de explicar los motivos de la cortesía en las lenguas, al tiempo que es un buen punto de partida para los interesados en estudiar la relación entre estructuras o forma lingüística y estructuras sociales. Para nosotros, uno de los atractivos de este trabajo es su pretensión de universalidad.
Al igual que Leech, también parten de la metáfora del coste-beneficio para explicar las relaciones sociales, pero enriquecen su modelo con algunos conceptos de la obra de Goffman, como por ejemplo, el de territoriedad 7 y el de imagen.
El concepto de imagen es universal, todo ser humano que viva en sociedad tiene una imagen pública y buena parte de sus conductas o de sus comportamientos están orientados a conservarla y cultivarla. Esta imagen pública tiene dos facetas: una positiva y otra negativa. Con la imagen positiva, los autores aluden a la necesidad que todo ser humano que viva en sociedad tiene de sentirse aceptado por el entorno social en el que habita. Por imagen negativa, en cambio, se entiende la necesidad que todo ser humano tiene de sentirse libre. La acción, o mejor dicho, las acciones que se espera que se realicen mediante la enunciación lingüística (por ejemplo, en el enunciado Me estás pisando) pueden afectar, dañar esta imagen. Para evitarlo se despliegan toda una serie de estrategias sociales y lingüísticas que intentan atenuar el coste social para el destinatario 8. Estos autores proponen una fórmula para calcular el riesgo social que para la imagen pública puede tener un acto considerado amenazante:

Riesgo (AAIP)x = (D+P+G)x
AAIPAcción que amenaza la imagen pública
DDistancia social
PPoder
GGrado de imposición del acto

En función de estos factores, los hablantes construyen enunciados que evidencian estrategias sociales que oscilan entre estos dos parámetros: estrategias abiertas/encubiertas y estrategias directas/indirectas. Un ejemplo de una combinación de los dos parámetros, una estrategia abierta e indirecta, sería el enunciado ¿Me prestas mil pesetas?
Según el modelo de Brown y Levinson, la justificación última de estas conductas lingüísticas es el hecho de que toda sociedad necesita controlar y canalizar la agresividad de sus miembros . A mi modo de ver las cosas, no solo se trata de agresividad, sino también de reprimir, gestionar o controlar otras emociones como la expresión o exteriorización de la euforia, la pasión, el cariño, la inseguridad o el miedo.
Este modelo ha recibido muchas críticas generalmente orientadas a cuestionar su universalidad. Ha habido muchas aportaciones, procedentes fundamentalmente de la Antropología , que critican el modelo presentado por estos autores por estar concebido dentro y para una cultura anglosajona (etnocentrismo). De nuevo, nos enfrentamos a la eterna diatriba entre universalismo y relativismo cultural. Desde mi punto de vista, esta teoría es universal en sus fundamentos teóricos: todo el mundo tiene una imagen pública y todas las relaciones sociales hasta las más íntimas o altruistas o puras, pueden explicarse atendiendo a los parámetros de coste y beneficio social. Dicho esto, es obvio que cada sistema u organización socio-económico-cultural regula a su modo el coste y el beneficio de los grupos sociales o individuos que componen una sociedad, y sus conductas solo son explicables dentro de los parámetros que rigen su entorno.
Es terreno de la Sociología, la Antropología y la Etnometodología establecer y explicitar las reglas, principios o normas de cortesía en las que se apoya un orden social determinado; pero, en mi opinión, es oficio de la Pragmática y de la Sociolingüística establecer este puente entre lo social y la forma lingüística, en el caso de la cortesía que está codificada verbalmente. En este sentido, como ya se aclaró en la introducción, defendemos una postura absolutamente funcionalista: si una comunidad considera relevante para sus estructuras sociales algo, tiende a marcarlo o a convencionalizarlo lingüísticamente, como por ejemplo, el sistema de honoríficos del japonés.
La Pragmática Computacional vería con muy buenos ojos cualquier tipo de conocimiento formalizado procedente de este campo, incluso si este conocimiento es relativo y se restringe a una cultura, país o contexto situacional determinado.

Teoría de la Argumentación de Anscombre y Ducrot

Dejando al margen de este trabajo una gama muy variada de teorías de la argumentación (para un breve resumen de las mismas recomendamos ) nos centraremos en este apartado en la Teoría de la Argumentación de Anscombre y Ducrot.
Para estos autores, la argumentación es un acto cotidiano. Todo acto de lengua argumenta, es más, el uso de la lengua ya es un acto de argumentación en sí mismo que trata de convencer al interlocutor de lo que nuestra subjetividad está percibiendo. Por lo tanto, constantemente estamos argumentando frente a otros y frente a nosotros mismos nuestra visión del mundo. Para este fin, utilizamos un gran abanico de estrategias lingüísticas que operan a nuestro favor y a través de las cuales guiamos u orientamos las inferencias de nuestros interlocutores hacia las conclusiones deseadas. El objetivo de esta teoría consiste en analizar el modo en que los enunciados se ligan entre sí en favor de determinadas conclusiones.
Una de las características más importantes que debemos reseñar y que ha tenido consecuencias muy importantes en las motivaciones de este trabajo ha sido la idea defendida por estos autores de que el proceso inferencial está marcado o codificado verbalmente por la propia estructura lingüística de los enunciados, y no sólo por su contenido. Como se señala en , la Teoría de la Argumentación se ocupará de los medios formales que proporciona la lengua a sus hablantes para orientar argumentativamente sus enunciados; y, paralelamente, de los medios formales que sirven al destinatario para construir su interpretación.
¿Cómo podemos aprovechar estos conceptos para una Pragmática Computacional? Según estos autores, la Lógica Clásica no puede dar cuenta de los siguientes fenómenos. Veamos el siguiente ejemplo:

  1. ¿Está ya la cena?
  2. Sí, casi.

La secuencia Sí, casi incurriría en una contradicción lógica, y sin embargo, desde un punto de vista argumentativo, es perfectamente aceptable.
En la argumentación lingüística, a diferencia de la argumentación lógica, ni el número de argumentos está predeterminado de antemano, ni la conclusión es necesaria y automática . V. Escandell ejemplifica esta idea con los siguientes ejemplos:

  1. No tengo ganas de seguir estudiando: voy a dar una vuelta.
  2. No tengo ganas de seguir estudiando, son las ocho de la tarde, y además, hace calor: voy a dar una vuelta.
  3. No tengo ganas de seguir estudiando, son las ocho de la tarde, y además, hace calor: me prepararé una copa bien fría.

Observemos ahora estos dos ejemplos también tomados de la misma fuente:

  1. # María es muy lista: habla inglés, chino e incluso francés.
  2. María es muy lista: habla inglés, francés e incluso chino.

Según Escandell , para Anscombre y Ducrot es la diferencia en la estructura lingüística, y no en el contenido, lo que explica el contraste entre los dos últimos ejemplos. Para comprender lo que ocurre en estos enunciados Anscombre y Ducrot han acuñado una serie de conceptos como los de orientación, suficiencia, peso y escala argumentativa, y topoï que configuran el núcleo duro de su investigación.
Los enunciados tienen una orientación y un peso argumentativo, esta es la razón por la que el enunciado María es muy lista: habla inglés, chino e incluso francés suena raro. Los argumentos pueden organizarse en escalas argumentativas como esta, donde el último argumento introducido por la palabra incluso debe tener un peso argumentativo mayor que los anteriores. En (2) saber francés no tiene más peso que saber chino. Saber inglés, francés y chino constituye un conjunto de argumentos, una clase argumentativa en la terminología de Ducrot, que están coorientados a una misma conclusión, la de demostrar que María es lista. Para que esto se cumpla, la clase argumentativa debe apoyarse en un razonamiento argumentativo, un tópico o lugar común que estos autores han llamado topos o topoï. En este caso, el topos sería el siguiente: cuantos más idiomas se sabe, más listo se es. Un topos es, pues, una regla general, que se supone aceptada por el sentido común, que tiene un carácter gradual, y que es cancelable, es decir, uno siempre puede argumentar que no es necesario saber idiomas para ser listo.
La última aportación importante que nos gustaría señalar aquí es la que estos autores han hecho a la hora de profundizar en la semántica de los elementos extraoracionales. Entre ellas, está su diferenciación entre conector y operador discursivo. El criterio de clasificación sería el alcance que el marcador tiene sobre los enunciados entre los que se encuentra. Según J. Portolés , un conector argumentativo es una unidad que articula dos miembros del discurso (o más) que intervienen en una estrategia argumentativa única. Ejemplos de conectores discursivos son: pero, sin embargo, además, etc. Por otro lado, un operador argumentativo es una unidad que, aplicada a un contenido, transforma las potencialidades argumentativas de este contenido. Ejemplos de operadores son: bien, casi, un poco, etc. Muchos operadores forman parte del sistema gramatical, e institucionalmente no se consideran marcadores del discurso; por ejemplo, el adverbio mero en el enunciado Ha sido un mero accidente.
Además, estos autores clasifican los conectores en función de tres criterios: función, valencia y fuerza argumentativa.

  1. Función: si el enunciado es argumento o conclusión
  2. Valencia: el número de argumentos que enlaza
  3. Fuerza orientativa: orientados y antiorientados.

Respecto de las relaciones entre Semántica y Pragmática, otro de los temas predilectos de esta teoría, Anscombre y Ducrot proponen una Pragmática integrada en la Semántica, que solo podrá ocuparse de todo aquello que derive de las propiedades del sistema mismo. La Pragmática así concebida no podrá tratar todo lo que es situacional o conversacional, porque estos son siempre fenómenos que involucran necesariamente elementos extralingüísticos. Sin embargo, como apunta V. Escandell no acaba de estar del todo claro que los topoi no sean ya elementos ajenos al sistema de la lengua: los tópicos que sirven de base a la argumentación son una buena muestra de ello .
Para terminar me gustaría hacer una reflexión sobre cómo integrar estos conceptos dentro de una Pragmática Computacional. El concepto de topos es una idea que no debe de ser desdeñada por la IA a la hora de crear modelos de razonamiento entre conocimiento verbalizado y conocimiento implícito. Ahora bien, ¿qué disciplina debe encargarse de explicitar los topos? ¿La Pragmática, la Semántica, la Microsociología, la Inteligencia Artificial en la elaboración de sus sistemas de expertos o el Análisis crítico del discurso que se encarga de analizar la ideología que hay detrás de los discursos? No cabe duda de que su explicitación es necesaria para la comprensión de los enunciados y la formalización del sentido común, pero la cuestión es cómo hacerlo. Volvamos al ejemplo de los idiomas que sabe María. Desde un punto de vista computacional, hasta donde hemos desarrollado las herramientas de análisis sintáctico, estas estructuras son exactamente iguales, ¿cómo reconocer y comprender la diferencia de aceptabiliddad o de adecuación entre un enunciado y otro? Para ello deberíamos introducir bases de conocimiento estructuradas en escalas argumentativas, donde se reflejara que saber chino ocupa en la escala argumentativa un lugar más alto que saber francés dentro de la cultura occidental; y que los argumentos que se acompañen por la palabra incluso deben tener un peso argumentativo mayor que los anteriores.
Un buen comienzo sería empezar por localizar y clasificar argumentativamente los marcadores del discurso. Estos nos darían pistas sobre la orientación argumentativa y el peso, como por ejemplo, el caso de incluso. Y en este sentido, este trabajo pretende realizar una investigación básica en lo que a la recolección, descripción y anotación en corpus de estas partículas se refiere.

Conclusiones finales

Aquí termina el capítulo dedicado a la exposición de las teorías más importantes del campo de la Pragmática. En España, tenemos representantes de todas las corrientes teóricas presentadas aquí. Destacan especialmente en Teoría de la Argumentación, José Portolés y Marta Tordesillas, en la Universidad Autónoma de Madrid, y Catalina Fuentes en la Universidad de Sevilla. Los que más han trabajado bajo el marco Teoría de la Relevancia han sido Estrella Montolío y Salvador Pons Bordería (del grupo Valesco), en Barcelona y Valencia respectivamente. Henk Haverkate, Victoria Escandell y Diana Bravo han desarrollado un papel fundamental y digno de ser mencionado en el cultivo de los estudios de cortesía en lengua española, un terreno apenas explorado hace tan solo unas décadas. En la divulgación al alumnado universitario de los conocimientos de esta disciplina en lengua española debemos destacar la labor de investigadores como Graciela Reyes, Victoria Escandell, José Portolés o Marta Tordesillas. Gran parte de los conocimientos aquí expuestos de una manera mucho más sintética proceden de sus manuales como habrá podido notar el lector especializado en la materia. Antes de pasar al siguiente capítulo me gustaría poner de manifiesto algunas críticas que ha recibido la Pragmática como disciplina.
Ya he tratado durante la introducción y el primer capítulo algunas cuestiones relativas al estatus científico de la Pragmática. Entre los comentarios que he realizado, me gustaría volver a insistir en la falta de preocupación por la formalización. A G. Reyes le gusta definir la Pragmática con el adjetivo de empírica, y maneja la oposición entre empirismo y formalismo, oponiendo el amor de la Pragmática por los datos, por el desprecio de los generativistas por los mismos. Citando sus palabras: La Pragmática cada vez es más empírica, se acerca a la Sociolingüística y deja de preocuparse por la influencia filosófica, por los principios abstractos y por su formalización. A propósito de la formalización de la pragmática, R. Cerdá señala las críticas de Chosmky a cualquier línea de investigación destinada a la definición del significado de los enunciados a partir de la intencionalidad del emisor en cada acto comunicación, no porque Chomsky considere que dichos intentos no estén fundamentados sino porque los considera, en palabras de Cerdá , científicamente inaccesibles, a causa de la imprescriptibilidad que rodea a la mayoría de los ingredientes esenciales a todo acto comunicativo.Aparte de su imprescriptibilidad, la ausencia de unidades discretas con las que trabajar, algo que a la Lingüística tan buenos resultados le ha reportado, se considera como una crítica más al cientificismo de esta disciplina.
En tercer lugar, a pesar de que, como ya hemos señalado, parece predominar la postura de que gramática y uso se complementan, como señala G. Reyes todavía no se ha llegado a una teoría aceptable sobre la relación entre la forma y la función, entre lo que la lengua codifica en su gramática y lo que los hablantes cumplen.
En cuarto lugar, una de las críticas también más sonadas acerca de esta materia es la falta de integración teórica . Si resumimos los tipos de Pragmática, podríamos distinguir:

  1. Una Pragmática Formal, que defiende la resolución de sus problemas con los modelos matemáticos y lógicos ya aplicados a la semántica formal y que también incluiría teorías dinámicas como Discourse Representation Theory (DRT), de Kamp y Reyle (1993).
  2. Una Pragmática Cognitiva o Cartesiana, basada como diría V. Escandell en factores internos.
  3. Una Pragmática Holística, que abraza todos los aspectos contextuales de la comunicación lingüística: mental, social, cultural, físico, interaccional e histórico.
  4. Una Pragmática Lingüística, que en palabras de J. Portolés , explique que la palabra encantado solo se dice la primera vez que te presentan a alguien, o que se ocupe de que una misma persona sea llamada según el contexto: presidente Berlusconi o papi.

Para concluir, diremos que la asignatura pendiente de esta disciplina es superar el debate entre Pragmática Cognitiva y Pragmática Social, e integrar estas dos dimensiones en un modelo general que vaya desde la cognición hasta la forma lingüística. Victoria Escandell, una de las investigadoras más importantes en este terreno, ha hecho alguna propuesta para unificar en un modelo general la Pragmática Social y la Pragmática Cognitiva . Según esta autora, la primera debe ser concebida en normas, y la segunda en principios . Además de estas posturas, debemos destacar puntos comunes de los planteamientos teóricos expuestos como el uso de la metáfora del coste-beneficio en la teoría de la Relevancia y en la de la Cortesía, o la consideración del significado procedimental de los marcadores del discurso tanto por parte de la teoría de la Relevancia como de la Argumentación. Sin embargo, debería haber acuerdos sólidos en torno a la definición, delimitación del campo y herramientas conceptuales básicas. Solo así, podrá ser útil a otras parcelas de conocimiento como la Psicolingüística, por ejemplo, en el estudio del autismo, la Enseñanza de segundas lenguas, o la Lingüística Computacional.
Pasemos ahora al capítulo tercero de este trabajo, dedicado a la categoría de análisis por excelencia de los estudios pragmáticos: los marcadores del discurso.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: