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La pragmática vocacional o la monetización de la vocación

En la sociedades capitalistas, existen dos tipos de empleos, que nosotros hemos llamado los trabajos IN y los trabajos OUT (véase La Gramática del Universo).

Los trabajos IN son aquellos trabajos vocacionales, que van de dentro a afuera, y que nacen de una inquietud generalmente buena y altruista. Estos trabajos están relacionados con el propósito vital, con aquello que le da sentido último a la existencia del individuo y que lo realiza, también están relacionados con la función histórica del ser humano, esto es, cuál es en definitiva su aportación a la historia de la humanidad.

Los trabajos OUT son conocidos comúnmente como ’empleos’, y a las personas que los realizan, normalmente, se les denomina: empleados o asalariados. Lo importante de este tipo de trabajos es que dan un servicio, esto es, cubren una demanda o una necesidad, o están en función de cumplir el sueño de otra persona. Estos trabajos son realizados normalmente a cambio de dinero, y la cuestión de si el que lo realiza recibe un beneficio personal, una gratificación o una realización espiritual es una cuestión NO RELEVANTE.

Citando a Pío Baroja, ¿qué sería lo justo y lo deseable en una sociedad moderna? Una sociedad moderna debe estar orientada a la consecución de la felicidad de sus individuos. El sistema educativo debería ser un camino para encontrar esta vocación, puesto que en los trabajos IN, el quehacer diario es fuente de felicidad. El mayor deseo de una persona que realiza trabajos IN es que esa necesidad suya cubra alguna demanda de la sociedad. Puesto que hasta que esa producción no sirve al prójimo, no gusta al otro, el individuo productor no se siente completo.

Es por lo tanto, que siguiendo con la idea, lo ideal en una sociedad moderna, del siglo XXI, es que el trabajo IN pasar a ser, a convertirse, en trabajo OUT.

Ahora bien, esto ocurre en muchas ocasiones, que el trabajo IN es consumido por los individuos OUT pero siempre que se dé gratis.

Nos encontramos aquí con uno de los grandes escollos para que las sociedades felices: la monetización de la vocación.

Este hecho de someter al interés del dinero, de tasar el trabajo por amor, es una transición difícil, y que una vez realizada, no asegura el éxito, puesto que hay que convertir el fruto del amor, el trabajo IN, en un producto, en trabajo OUT, en mercancía, y, además, aprender a venderlo en un mercado lleno de productos y conformado por grandes monopolios.

Ahora, existen toda una corriente espiritual del emprendimiento, que promete la libertad financiera, y conmina a la gente a dejar sus empleos habituales, fuente de emociones negativas, insatisfacción, estrés y enfermedades, para dedicarse a lo que más les gusta; prometiéndoles que pueden ganar el dinero suficiente como para ‘pagarse’ la vida de un occidental. Y todo desde cero. Sin capital de inversión inicial. Los únicos que he conocido que se han hecho ricos así han sido los que han dejado sus trabajos convencionales para vender este mensaje.

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