En un sentido amplio, pragmatismo o filosofía pragmática hace referencia a una concepción filosófica que defiende no solo una distinción entre teoría y práctica, sino también la primacía de la segunda frente a la primera. En cuanto a corriente filosófica, el pragmatismo se originó a finales del siglo XIX y se desarrolló a lo largo del XX, fundamentalmente en EEUU. Sus principales representantes son C. P. Peirce, W. James y J. Dewey. En la filosofía alemana, los representantes más importantes del pragmatismo filosófico son J. Habermas y K.O. Apel, los cuales se centrarán en el análisis de las condiciones que posibilitan la comunicación, de sus presupuestos y sus implicaciones, abarcando en este programa de investigación los campos de la ética y la política.


De las vertientes que unen esta corriente filosófica, destacaremos dos puntos comunes a todas. El primero de ellos se centra en la importancia que se le concede a la práctica, a la experiencia concreta, a los aspectos aplicados del conocimiento y a los contextos concretos de uso. El segundo punto en común de estas vertientes como corriente filosófica es el concepto de verdad. La pragmática critica la correspondencia realista entre las proposiciones y la realidad descrita por dichas proposiciones. Cuestiona la posibilidad de verdades absolutas, concebidas independientemente de un contexto. Además, complementa la noción de verdad con las nociones de suceso y felicidad, que deben dar cuenta específicamente de la consideración del lenguaje como acción, atendiendo a sus efectos y consecuencias en contextos determinados.

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