Dejando al margen de este trabajo una gama muy variada de teorías de la argumentación (para un breve resumen de las mismas recomendamos ) nos centraremos en este apartado en la Teoría de la Argumentación de Anscombre y Ducrot.


Para estos autores, la argumentación es un acto cotidiano. Todo acto de lengua argumenta, es más, el uso de la lengua ya es un acto de argumentación en sí mismo que trata de convencer al interlocutor de lo que nuestra subjetividad está percibiendo. Por lo tanto, constantemente estamos argumentando frente a otros y frente a nosotros mismos nuestra visión del mundo. Para este fin, utilizamos un gran abanico de estrategias lingüísticas que operan a nuestro favor y a través de las cuales guiamos u orientamos las inferencias de nuestros interlocutores hacia las conclusiones deseadas. El objetivo de esta teoría consiste en analizar el modo en que los enunciados se ligan entre sí en favor de determinadas conclusiones.


Una de las características más importantes que debemos reseñar y que ha tenido consecuencias muy importantes en las motivaciones de este trabajo ha sido la idea defendida por estos autores de que el proceso inferencial está marcado o codificado verbalmente por la propia estructura lingüística de los enunciados, y no sólo por su contenido. Como se señala en , la Teoría de la Argumentación se ocupará de los medios formales que proporciona la lengua a sus hablantes para orientar argumentativamente sus enunciados; y, paralelamente, de los medios formales que sirven al destinatario para construir su interpretación.


¿Cómo podemos aprovechar estos conceptos para una Pragmática Computacional? Según estos autores, la Lógica Clásica no puede dar cuenta de los siguientes fenómenos. Veamos el siguiente ejemplo:

  1. ¿Está ya la cena?
  2. Sí, casi.

La secuencia Sí, casi incurriría en una contradicción lógica, y sin embargo, desde un punto de vista argumentativo, es perfectamente aceptable.
En la argumentación lingüística, a diferencia de la argumentación lógica, ni el número de argumentos está predeterminado de antemano, ni la conclusión es necesaria y automática . V. Escandell ejemplifica esta idea con los siguientes ejemplos:

  1. No tengo ganas de seguir estudiando: voy a dar una vuelta.
  2. No tengo ganas de seguir estudiando, son las ocho de la tarde, y además, hace calor: voy a dar una vuelta.
  3. No tengo ganas de seguir estudiando, son las ocho de la tarde, y además, hace calor: me prepararé una copa bien fría.

Observemos ahora estos dos ejemplos también tomados de la misma fuente:

  1. # María es muy lista: habla inglés, chino e incluso francés.
  2. María es muy lista: habla inglés, francés e incluso chino.

Según Escandell , para Anscombre y Ducrot es la diferencia en la estructura lingüística, y no en el contenido, lo que explica el contraste entre los dos últimos ejemplos. Para comprender lo que ocurre en estos enunciados Anscombre y Ducrot han acuñado una serie de conceptos como los de orientación, suficiencia, peso y escala argumentativa, y topoï que configuran el núcleo duro de su investigación.
Los enunciados tienen una orientación y un peso argumentativo, esta es la razón por la que el enunciado María es muy lista: habla inglés, chino e incluso francés suena raro. Los argumentos pueden organizarse en escalas argumentativas como esta, donde el último argumento introducido por la palabra incluso debe tener un peso argumentativo mayor que los anteriores. En (2) saber francés no tiene más peso que saber chino. Saber inglés, francés y chino constituye un conjunto de argumentos, una clase argumentativa en la terminología de Ducrot, que están coorientados a una misma conclusión, la de demostrar que María es lista. Para que esto se cumpla, la clase argumentativa debe apoyarse en un razonamiento argumentativo, un tópico o lugar común que estos autores han llamado topos o topoï. En este caso, el topos sería el siguiente: cuantos más idiomas se sabe, más listo se es. Un topos es, pues, una regla general, que se supone aceptada por el sentido común, que tiene un carácter gradual, y que es cancelable, es decir, uno siempre puede argumentar que no es necesario saber idiomas para ser listo.


La última aportación importante que nos gustaría señalar aquí es la que estos autores han hecho a la hora de profundizar en la semántica de los elementos extraoracionales. Entre ellas, está su diferenciación entre conector y operador discursivo. El criterio de clasificación sería el alcance que el marcador tiene sobre los enunciados entre los que se encuentra. Según J. Portolés , un conector argumentativo es una unidad que articula dos miembros del discurso (o más) que intervienen en una estrategia argumentativa única. Ejemplos de conectores discursivos son: pero, sin embargo, además, etc. Por otro lado, un operador argumentativo es una unidad que, aplicada a un contenido, transforma las potencialidades argumentativas de este contenido. Ejemplos de operadores son: bien, casi, un poco, etc. Muchos operadores forman parte del sistema gramatical, e institucionalmente no se consideran marcadores del discurso; por ejemplo, el adverbio mero en el enunciado Ha sido un mero accidente.


Además, estos autores clasifican los conectores en función de tres criterios: función, valencia y fuerza argumentativa.

  1. Función: si el enunciado es argumento o conclusión
  2. Valencia: el número de argumentos que enlaza
  3. Fuerza orientativa: orientados y antiorientados.

Respecto de las relaciones entre Semántica y Pragmática, otro de los temas predilectos de esta teoría, Anscombre y Ducrot proponen una Pragmática integrada en la Semántica, que solo podrá ocuparse de todo aquello que derive de las propiedades del sistema mismo. La Pragmática así concebida no podrá tratar todo lo que es situacional o conversacional, porque estos son siempre fenómenos que involucran necesariamente elementos extralingüísticos. Sin embargo, como apunta V. Escandell no acaba de estar del todo claro que los topoi no sean ya elementos ajenos al sistema de la lengua: los tópicos que sirven de base a la argumentación son una buena muestra de ello .
Para terminar me gustaría hacer una reflexión sobre cómo integrar estos conceptos dentro de una Pragmática Computacional. El concepto de topos es una idea que no debe de ser desdeñada por la IA a la hora de crear modelos de razonamiento entre conocimiento verbalizado y conocimiento implícito. Ahora bien, ¿qué disciplina debe encargarse de explicitar los topos? ¿La Pragmática, la Semántica, la Microsociología, la Inteligencia Artificial en la elaboración de sus sistemas de expertos o el Análisis crítico del discurso que se encarga de analizar la ideología que hay detrás de los discursos? No cabe duda de que su explicitación es necesaria para la comprensión de los enunciados y la formalización del sentido común, pero la cuestión es cómo hacerlo. Volvamos al ejemplo de los idiomas que sabe María. Desde un punto de vista computacional, hasta donde hemos desarrollado las herramientas de análisis sintáctico, estas estructuras son exactamente iguales, ¿cómo reconocer y comprender la diferencia de aceptabiliddad o de adecuación entre un enunciado y otro? Para ello deberíamos introducir bases de conocimiento estructuradas en escalas argumentativas, donde se reflejara que saber chino ocupa en la escala argumentativa un lugar más alto que saber francés dentro de la cultura occidental; y que los argumentos que se acompañen por la palabra incluso deben tener un peso argumentativo mayor que los anteriores.


Un buen comienzo sería empezar por localizar y clasificar argumentativamente los marcadores del discurso. Estos nos darían pistas sobre la orientación argumentativa y el peso, como por ejemplo, el caso de incluso. Y en este sentido, este trabajo pretende realizar una investigación básica en lo que a la recolección, descripción y anotación en corpus de estas partículas se refiere.

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