El modelo de Brown y Levinson constituye un paso más en la sistematización del modo en que se gestionan las relaciones sociales. Escandell afirma que es el intento más elaborado y estructurado de explicar los motivos de la cortesía en las lenguas, al tiempo que es un buen punto de partida para los interesados en estudiar la relación entre estructuras o forma lingüística y estructuras sociales. Para nosotros, uno de los atractivos de este trabajo es su pretensión de universalidad.


Al igual que Leech, también parten de la metáfora del coste-beneficio para explicar las relaciones sociales, pero enriquecen su modelo con algunos conceptos de la obra de Goffman, como por ejemplo, el de territoriedad 7 y el de imagen.


El concepto de imagen es universal, todo ser humano que viva en sociedad tiene una imagen pública y buena parte de sus conductas o de sus comportamientos están orientados a conservarla y cultivarla. Esta imagen pública tiene dos facetas: una positiva y otra negativa. Con la imagen positiva, los autores aluden a la necesidad que todo ser humano que viva en sociedad tiene de sentirse aceptado por el entorno social en el que habita. Por imagen negativa, en cambio, se entiende la necesidad que todo ser humano tiene de sentirse libre. La acción, o mejor dicho, las acciones que se espera que se realicen mediante la enunciación lingüística (por ejemplo, en el enunciado Me estás pisando) pueden afectar, dañar esta imagen. Para evitarlo se despliegan toda una serie de estrategias sociales y lingüísticas que intentan atenuar el coste social para el destinatario 8. Estos autores proponen una fórmula para calcular el riesgo social que para la imagen pública puede tener un acto considerado amenazante:

Riesgo (AAIP)x = (D+P+G)x
AAIPAcción que amenaza la imagen pública
DDistancia social
PPoder
GGrado de imposición del acto

En función de estos factores, los hablantes construyen enunciados que evidencian estrategias sociales que oscilan entre estos dos parámetros: estrategias abiertas/encubiertas y estrategias directas/indirectas. Un ejemplo de una combinación de los dos parámetros, una estrategia abierta e indirecta, sería el enunciado ¿Me prestas mil pesetas?
Según el modelo de Brown y Levinson, la justificación última de estas conductas lingüísticas es el hecho de que toda sociedad necesita controlar y canalizar la agresividad de sus miembros . A mi modo de ver las cosas, no solo se trata de agresividad, sino también de reprimir, gestionar o controlar otras emociones como la expresión o exteriorización de la euforia, la pasión, el cariño, la inseguridad o el miedo.


Este modelo ha recibido muchas críticas generalmente orientadas a cuestionar su universalidad. Ha habido muchas aportaciones, procedentes fundamentalmente de la Antropología , que critican el modelo presentado por estos autores por estar concebido dentro y para una cultura anglosajona (etnocentrismo). De nuevo, nos enfrentamos a la eterna diatriba entre universalismo y relativismo cultural. Desde mi punto de vista, esta teoría es universal en sus fundamentos teóricos: todo el mundo tiene una imagen pública y todas las relaciones sociales hasta las más íntimas o altruistas o puras, pueden explicarse atendiendo a los parámetros de coste y beneficio social. Dicho esto, es obvio que cada sistema u organización socio-económico-cultural regula a su modo el coste y el beneficio de los grupos sociales o individuos que componen una sociedad, y sus conductas solo son explicables dentro de los parámetros que rigen su entorno.


Es terreno de la Sociología, la Antropología y la Etnometodología establecer y explicitar las reglas, principios o normas de cortesía en las que se apoya un orden social determinado; pero, en mi opinión, es oficio de la Pragmática y de la Sociolingüística establecer este puente entre lo social y la forma lingüística, en el caso de la cortesía que está codificada verbalmente. En este sentido, como ya se aclaró en la introducción, defendemos una postura absolutamente funcionalista: si una comunidad considera relevante para sus estructuras sociales algo, tiende a marcarlo o a convencionalizarlo lingüísticamente, como por ejemplo, el sistema de honoríficos del japonés.
La Pragmática Computacional vería con muy buenos ojos cualquier tipo de conocimiento formalizado procedente de este campo, incluso si este conocimiento es relativo y se restringe a una cultura, país o contexto situacional determinado.

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