Pasemos ahora a revisar los modelos que intentan dar forma a la dimensión social de la comunicación, vertiente que se denomina Pragmática Social y, más concretamente, Cortesía Lingüística. Cuatro autores son tradicionalmente señalados en la bibliografía: R. Lakoff, G. Leech, P. Brown y S. Levinson. Estos autores han pasado a la historia de la Pragmática por el intento de formalizar en términos de reglas, principios y fórmulas, respectivamente, el escurridizo mundo de cómo los seres humanos gestionan en sociedad las relaciones humanas con el uso de la lengua. Al mismo tiempo, una característica común que une estos tres modelos es el deseo de completar el modelo conversacional de Grice. No está de más recordar que el principio de cooperación tiene como meta asegurar una transmisión de información eficaz; partiendo de este supuesto, la cortesía es una estrategia al servicio de las relaciones sociales; por tanto, en un extremo está la transacción y en el otro la interacción. Este es el modo en que lo han enfocado estos estudiosos: las relaciones humanas siempre son el resultado de una tensión constante entre el intercambio de información y el cuidado de los intereses sociales. Por tanto, para estos autores, la Cortesía, entendida como el conjunto de estrategias o normas sociales orientadas a regular la relación social (agresividad, respeto, cooperación, competitividad) de los miembros de una comunidad, sería el factor determinante por el que el Principio de Cooperación no se aplicara en toda su efectividad.
Por último, tampoco está demás señalar que la cortesía forma parte intrínseca de la racionalidad humana, la cual es por encima de todo una racionalidad social, siempre tenemos que atender a las normas, incluso para saltárnoslas, y siempre debemos considerar que la sociedad en realidad da muy poco espacio para decir a nivel cotidiano lo que uno realmente piensa.
El primer intento por sistematizar las normas de cortesía es elaborado por R. Lakoff desglosa la máxima de sea cortés en tres modalidades: no se imponga, ofrezca opiniones y refuerce los lazos de camadería.
G. Leech, por su parte, eleva lo que para Lakoff era un regla al estatus de principio: el Principio de Cortesía, el cual se puede dividir a su vez en seis máximas: tacto, generosidad, aprobación, modestia, acuerdo y simpatía. Dichas máximas regulan respectivamente el coste y el beneficio del hablante y del interlocutor en términos de autoridad, beneficio, desprecio, aprecio, desacuerdo y simpatía. Este principio, permite evaluar el grado de adecuación entre el enunciado y la distancia socialde los participantes . Aquellos actos que exigen más coste para el destinatario (y por tanto susceptibles de ser descorteses) son más susceptibles de indirección, y como consecuencia, se sacrifica el principio de eficacia informativa. Veamos un ejemplo de indirección del mensaje para atenuar el daño en el segundo enunciado:

  1. Tu hijo se ha suicidado cortándose las venas.
  2. Su hijo podría haber fallecido por una herida de arma blanca.

Por lo tanto, para Leech el principio de cortesía sería un principio regulador de la conducta.

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