La Teoría de los Actos de Habla, enunciada en sus orígenes por el filósofo del lenguaje Jean Austin y completada posteriormente por John Searle, es una de las reflexiones existentes más sistemáticas sobre la relación entre el uso cotidiano del lenguaje y el plano de la acción humana. Según Austin, el lenguaje ha sido a lo largo de la historia un instrumento que el hombre ha ido perfeccionando de generación en generación con el fin de servir eficazmente para todos los usos de la vida. Los enunciados no solamente expresan acciones sino que sirven para realizar acciones. Así por ejemplo, el acto de casarse se materializa cuando el hablante dice Sí, quiero. Otro ejemplo, muy citado en la bibliografía es el de la realización del acto de divorcio en algunos países del mundo árabe, el cual se lleva a cabo diciendo tres veces el enunciado Me divorcio de ti. Por tanto, y contrariamente al modo en que se venían estudiando los enunciados, no sólo es importante saber si un enunciado es verdadero o falso, sino que también es necesario saber si el acto que profiere es adecuado o no a una situación concreta, ya que esto asegurará la felicidad del mismo. Para que un enunciado se convierta en un acto tienen que darse una serie de condiciones tales como la existencia de un procedimiento convencional, la existencia de personas y circunstancias apropiadas, una actuación determinada por parte de los participantes, la sinceridad de los mismos, etc. Siguiendo con el ejemplo de la boda, sería un infortunio el hecho de que el que casara fuera en lugar de un cura el cantante de AC/DC; esto en pragmática se llamaría, como decimos, infortunio, e invalidaría el acto que hay detrás del Sí, quiero. Por otra parte, si existe una falta de coincidencia entre lo que el enunciado dice que hace y lo que en realidad hace se llama infelicidad. Por ejemplo, que alguien te trate de insultar con la palabra maricón y la persona no se sienta insultada, al no considerar esta palabra un insulto sino como un adjetivo puramente descriptivo de una propiedad de la persona.


Para Austin, hablar una lengua es tomar parte en una forma de conducta gobernada por reglas. El lenguaje es un tipo particular de acción, y debería integrarse dentro de una Teoría general de la Acción; según este autor, un estudio de las propiedades exclusivamente formales de una lengua no tendría sentido si no va acompañado de un estudio sobre el papel que desempeñan tales formas . Al igual que Goffman, Austin coincide en señalar que toda actividad lingüística es convencional, esto es, está controlada por reglas y los principios reguladores que utiliza el lenguaje no son, en esencia, diferentes de los que se sigue en todas las actividades humanas.


En el significado de un enunciado, hay que valorar tres tipos de actos cuyo conjunto se ha denominado la tricotomía de Austin:

  1. Acto locutivo: el acto realizado por el mero hecho de decir algo. Por ejemplo, Hay que bajar la basura, es una oración afirmativa cuyo significado es la suma de sus partes.
  2. Acto ilocutivo: el acto que se realiza al decir algo. En este caso, el acto ilocutivo del enunciado Hay que bajar la basura podría ser en un determinado contexto, una orden.
  3. Acto perlocutivo: el acto que se realiza por haber dicho algo, los efectos producidos. Siguiendo con el ejemplo, el acto perlocutivo sería que el receptor del enunciado terminara bajando la basura.

Así pues, un enunciado tendría un significado, una fuerza y unos efectos, y el acto de habla sería la unidad mínima de la comunicación lingüística.


Los estudiosos del campo de la Teoría de Actos de Habla suelen afirmar que Searle lleva a sus últimas consecuencias las ideas de Austin . Dos son las aportaciones más importantes de Searle a los planteamientos de Austin. El primero es asumir la idea de que realizar un acto ilocucionario es comprometerse a una forma de conducta gobernada por reglas. Una vez hecha esta asunción, Searle se propone reflexionar sistemáticamente sobre dichas reglas y su relación con el contenido proposicional de los enunciados. Para ello, este autor diferencia entre reglas regulativas y reglas constitutivas. Un ejemplo de la primera sería el melón se corta con cuchillo. Las reglas constitutivas serían por ejemplo las reglas del ajedrez o de cualquier juego, donde X cuenta como Y. Así pues, de la misma manera que un touch down cuenta como seis puntos, una promesa cuenta como una obligación futura. Por tanto, los actos ilocucionarios son actos realizados de acuerdo a un conjunto de reglas constitutivas, que de acuerdo con Searle la comunidad científica debe dejar claramente definidas como lo están las reglas del ajedrez.


La segunda novedad respecto de la teoría de su predecesor es la afirmación de que existe una relación regular y constante entre la fuerza ilocutiva y la forma lingüística. Searle presenta los siguientes tipos de actos de habla:

  1. Asertivos, que indican cómo son las cosas.
  2. Directivos, que nos dicen qué cosas hacen.
  3. Compromisivos, que encierran la promesa de hacer cosas.
  4. Expresivos, que expresan sentimientos y actitudes.
  5. Declarativos, que producen cambios a través de nuestros enunciados.

Otra idea interesante para la Lingüística Computacional es el intento de formalización de la teoría. Teniendo en cuenta el tipo de acto de habla, la formalización de un enunciado con su fuerza ilocutiva sería la siguiente: F(PR). Donde: F representaría los valores ilocutivos, P el predicado y R el sujeto.


No obstante, este es uno de los puntos más controvertidos de su posicionamiento teórico. Cada uno de los tipos de acto de habla según Searle está asociado con una determinada estructura lingüística. Los indicadores de la fuerza ilocutiva serán:

  1. Curva de entonación
  2. Énfasis prosódico
  3. Orden de palabras
  4. Predicados realizativos

Esta es la tipología más seguida en las aplicaciones de esta teoría a la Inteligencia Artificial. Sin embargo, cuando la teoría de los actos de habla se usa en la enseñanza de segundas lenguas los actos de habla se multiplican sin orden ni concierto. ¿Cuántos actos de habla hay en realidad? ¿Es una categoría cerrada o abierta? Austin insiste en su obra Cómo hacer cosas con las palabras en que la tipología de los actos se puede describir de la misma manera que el zoólogo clasifica una especie determinada. Todavía no hay un acuerdo en torno a estas preguntas, ni tampoco sobre la diferencia entre las acciones propias de los actos ilocutivos como pedir perdón, aseverar o preguntar y el resto de las acciones humanas como amar, leer o cocinar.


Para ir ya terminando me gustaría añadir que se ha contraargumentado a este autor con multitud de ejemplos en los que un mismo enunciado dependiendo del contexto puede tener un acto ilocutivo u otro. Escandell se pregunta en su manual si los investigadores en la materia han interpretado bien a Searle. En cualquier caso, las críticas que se le han hecho no están fundamentadas empíricamente ya que no hemos llegado a crear sistemas de descripción y de transcripción tan finos de los patrones de entonación como para comprobar si tiene o no razón, y de lo mismo se puede decir de la descripción del énfasis y del orden de palabras. Fenómenos registrados por la Lingüística actual pero que están muy lejos de ser descritos con detalle suficiente como para llegar a enunciar reglas de formalización en relación a los significados que codifican.


Como señala G. Reyes la teoría de los actos de habla presupone en efecto que todo acto lingüístico revela una intención y que es un ejercicio de sinceridad; pero postula a la vez que todo acto de habla para ser realizado también debe valerse de fórmulas reconocibles, que circulan en nuestro tesoro lingüístico. Por lo tanto, necesitamos fórmulas reconocibles, repetibles para hacer promesas, pedir perdón, elogiar, insultar, etcétera. Además, al igual que cuando hablamos de las inferencias, debemos añadir que los significados ilocutivos, esto es, las acciones implícitas en los enunciados, también están sometidas a convención. Como consecuencia de ello, habrá enunciados cuyo significado ilocutivo esté absolutamente convencionalizado, como por ejemplo en el caso de ¿Me puedes pasar la sal?, y otros en los que la interpretación sea más libre y más dependiente del contexto: Tengo frío. Morgan señala que hay dos tipos de convención, las convenciones lingüísticas y las sociales. El enunciado ¿Me puedes pasar la sal? sin llegar a ser una expresión idiomática está codificando en su proposición una convención de uso social.


Me gustaría concluir la exposición de los puntos más relevantes de esta teoría destacando la importancia de los significados ilocutivos en los enunciados, estos son tan imprescindibles en la comunicación que tal y como señala José Portolés a veces se nos olvida lo que nos han preguntado pero, sin embargo, no se nos olvida que era una pregunta.

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