Pasemos ahora a reflexionar sobre el funcionamiento de la mente a la hora de hacer predicciones. Como sabemos, la mente opera de forma inferencial haciendo razonamientos que le puedan conducir a una predicción representada en un valor de verdad. Por ejemplo, analicemos el razonamiento que le escuché en un programa de televisión a una persona que se dedicaba a limpiar todas las mañanas la playa de La Barceloneta Si la gente no ensuciara la playa todas las noches, yo no tendría trabajo. Una predicción es una inferencia, un razonamiento que conduce a una conclusión. Se suele decir que las predicciones deben hacerse sobre premisas verdaderas para asegurarse una conclusión o inferencia verdadera. Esto es lo que aprendimos de la Lógica Clásica. Pero parece que en el lenguaje cotidiano las cosas son bastante diferentes, la subjetividad está repleta de razonamientos que no necesariamente tienen que ser verdaderos de un modo absoluto, sí de un modo contextual. Así por ejemplo, en otro orden económico-social, es muy posible que este hombre sí encontrara otra clase de trabajos, invalidando el razonamiento hecho anteriormente.

La Lógica Clásica es un intento por abstraer el lenguaje a una lógica pura, formal, con la que supuestamente el cerebro operaría. Pero, hoy por hoy, los estudiosos del razonamiento mental deben resolver no solo la existencia de un lenguaje del pensamiento sino el del mejor instrumento para expresarlo, ya que hasta ahora el lenguaje es nuestra única puerta de acceso a este mundo desconocido, y hay bastantes discordancias entre la lógica formal y la lógica del sentido común, como acabamos de ver. La Inteligencia Artificial implementa modos de razonamiento procedentes de la Lógica Clásica ¿pero es así como razonamos los seres humanos en nuestra vida cotidiana?

A partir de los años setenta, buena parte de la IA y de la Psicología del razonamiento sintió una gran decepción por los modelos de razonamiento ofrecidos tanto por la Lógica Clásica. Estos investigadores alegaron que la Lógica no da cuenta de la manera de razonar en la vida cotidiana, que cuando la mente trabaja, lo hace siguiendo reglas que se basan en costumbres y convenciones sociales . Los contenidos influyen en nuestro modo de representar el problema y, como consecuencia, la abstracción de la estructura lógica no es suficiente para construir la epistemología natural. De hecho, algunos estudiosos incluso se han llegado a plantear si el cálculo lógico es un don natural. Legrenzi cita los estudios que Martín Brain realizó en 1978, de los que concluyó que la mayoría de las personas lleva a cabo con dificultad extrema la inferencia que los lógicos llaman Modus Tollens. Actualmente, la Psicología del razonamiento muestra una conciencia más general de la importancia del contexto social en la dirección de las decisiones y las acciones .
En lo que atañe a la Lingüística y más concretamente a la Pragmática, se han hecho intentos de relacionar conectores lógicos con conectores de lenguaje natural, sin buenos resultados . Así por ejemplo, la conjunción copulativa y no tiene los mismos significados en el lenguaje lógico que en el español. Por otra parte, además de sus posibles equivalentes lógicos, las lenguas ofrecen además una gama muy variada de formas lingüísticas con los que los enunciados se enlazan entre sí y que expresan operaciones de pensamiento. Según Blakemore, una marcador discursivo guía las instrucciones de interpretación del siguiente enunciado . Veamos un ejemplo que el profesor de pragmática de la Universidad Autónoma de Madrid, José Portolés, suele utilizar con frecuencia en sus clases para ilustrar este concepto. El enunciado Es rico pero feo puede conducir a la conclusión no explícita sino inferida: No me casaré con él. Sin embargo, si invertimos el orden de los enunciados pero conservamos el mismo conector: Es feo pero rico, la conclusión que se infiere es la contraria: Me casaré con él. Los enunciados despiertan inferencias en las mentes de los hablantes, y los marcadores del discurso cumplen el papel de restringir estas inferencias, de guiar los proceso de interpretación, y las conclusiones en el razonamiento mental. Además, hay marcadores que nos hablan de las operaciones que el cerebro hace a la hora de manipular los conocimientos. Los marcadores del discurso generalmente y concretamente nos hablan de los fenómenos de abstracción y concreción que realizamos a la hora de demostrar los valores de verdad de los enunciados.

Ejemplos de más marcadores que hablan de cómo vamos argumentando nuestra visión del mundo cuando hablamos son: en consecuencia, por tanto, porque, ya que, si, dado que, visto que, como, en particular, de todos modos, etc. Con estas palabras vamos razonando, creando conexiones lógicas entre enunciados que en principio no deberían tener una relación semántica si no es porque el hablante o la cultura quiere que así sea: Si no votas, pues no te quejes.

Ahora bien, ¿cómo representar desde un punto de vista lógico el significado de estás palabras? Diane Blakemore defiende la naturaleza computacional o procedural de estas palabras; sin embargo, paradójicamente, Anscombre y Ducrot, que también coinciden en la idea de que los marcadores restringen las inferencias del enunciado que viene a continuación, defienden que estas partículas no se pueden explicar con el lenguaje de la Lógica.

Vemos aquí, por tanto, una gran laguna en la representación lógica del lenguaje, con las implicaciones que conlleva a la hora de reflejar el razonamiento cotidiano, y el discurso entendido como una sucesión de valores de verdades contextuales.

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