La Lingüística se ocupa fundamentalmente de la relación entre la forma lingüística y el significado, y de los problemas derivados de esta relación. La realidad deja de ser objeto de estudio para el lingüista en el momento en que ha sido convencionalizada en el significado. Debemos al estructuralismo sausseriano una conceptualización estable de la relación entre el referente y el signo lingüístico (compuesto, como sabemos, de significante y significado). Solo en las últimas décadas del siglo XX, la Teoría de la Enunciación ha hecho hincapié en las marcas de subjetividad presentes en el lenguaje, como por ejemplo, la deixis o la actitud del hablante respecto de lo enunciado . Así, por ejemplo, es un hecho bastante usual llamar al telefonillo de casa y contestar a la pregunta de ¿quién es? con el pronombre de primera persona: yo. Asimismo, es bastante común acompañar el valor de verdad de nuestros enunciados con un valor emocional; con lo que podemos decir: Por fin, un presidente de los EEUU no es rico, o Afortunadamente, los políticos ya no podrán llevarse el dinero público robado a los paraísos fiscales.
No obstante, aunque esta visión de la lengua ha permitido adentrarnos en el cambiante mundo de la referencialidad de los signos lingüísticos, estas corrientes enfocan el problema de la subjetividad solamente desde un punto de vista lingüístico, cuando en realidad este fenómeno tiene una base cognitivo social que pasaremos a explicar aquí.

Un enunciado codifica información sobre las acciones, sobre los valores de verdad, sobre el grado de certeza, sobre las fuentes de conocimiento, sobre la relación lógica que guarda con los enunciados que le rodean, y sobre las emociones que dicho enunciado inspira. Esta es pues la información que contribuye al significado cognitivo-sociocultural de los enunciados y de las palabras. Y esta es pues también la información que debe tenerse en cuenta en los modelos de lenguaje en la IA, no solo el valor de verdad del enunciado. Pero antes de explicar esto más detenidamente, me gustaría reflexionar primero sobre la percepción del realidad por parte del ser humano y su codificación por los sentidos. Langacker,uno de los padres de la Lingüística Cognitiva, ha insistido bastante en esta cuestión: The world is not something objectively given, it’s something construed by the human cognition.

Dentro de la construcción de la subjetividad, como sabemos, los sentidos son el primer sesgo ineludible. Centrémonos en el sentido de la vista, por ser este el que, en el caso de los videntes, contribuye a la construcción de lo que el ser humano entiende por realidad.

Los estudiosos del universo afirman que con la luz captada por el ojo humano solo podemos percibir el cuatro por ciento de la realidad y señalan que estamos ciegos a los colores del universo , unos colores que solo ahora comenzamos a contemplar con la difusión de las imágenes por parte de la NASA de grandes telescopios como el Hubble. La Ciencia Cognitiva también se ha centrado mucho en el estudio del ojo , y las investigaciones realizadas sobre la percepción del color en diferentes culturas son una buena muestra de ello . En principio, podríamos pensar que existe una parte de la realidad a la que accedemos por los sentidos y otra a la que no, y que el lenguaje se ocuparía de crear relaciones estables, como decíamos, entre los signos lingüísticos y entre lo conocido y en todo caso lo imaginable por nuestra mente (vida extraterrestre, espíritus, Dios, etc.). Sin embargo, la Física Cuántica, en sus incursiones al mundo de la divulgación del conocimiento, nos ha explicado que la realidad depende del observador, o mejor dicho, la realidad es el fruto del acto de observación por parte del observador . En palabras de Antonio Marina:No hay información sin receptor. Sin el ojo no existe el color. […] El hombre posee mentalmente la realidad .

El órgano visual del ser humano ya es en sí mismo una interpretación de lo real, bien distinta de la interpretación de la realidad que haríamos si tuviéramos un sistema visual bifocal, como el camaleón, o de si viéramos/percibiéramos el mundo a escala atómica. Las cosas que existen existen porque nosotros las vemos así, o mejor dicho, solo existe la información que los sentidos son capaces de captar y de ser codificada posteriormente por el sistema nervioso dentro del cerebro. Los sentidos son nuestra primera fuente de conocimiento y el primer constructor de subjetividad en el ser humano. Según el modelo dialéctico contextual en psicología cognitiva, el conocimiento tiene su origen en la interacción entre el sujeto y el medio . Sabemos que la experiencia determina de forma importante la manera en que vemos las cosas. Los humanos que viven en las ciudades de tipo occidental tienen una experiencia de las líneas horizontales y verticales diferente de la de los habitantes de la jungla, de quienes se dice que no experimentan las mismas ilusiones espaciales .
El lenguaje codifica la visión de la realidad codificada por los sentidos. Como por ejemplo, nuestra concepción del tiempo. El tiempo desde un punto de vista de la física heredera de la teoría tradicional de la relatividad, tiene una dimensión relativa. Las partículas que se encuentran en el universo se mueven a diferentes velocidades. Nuestra mente, que por encima todo es un receptor del tiempo, captura solamente las partículas que se mueven a una velocidad determinada, y como resultado nos devuelve una concepción lineal del tiempo, que en nada tiene que ver con la concepción del tiempo que está descubriendo la Física Cuántica al estudiar el movimiento de partículas que se mueven a velocidades cercanas a la luz. Las lenguas codifican nuestra concepción lineal del tiempo: presente, pasado y futuro. Como el tiempo es un concepto abstracto, suele expresarse muchas veces en términos del espacio. Esta es la función a nivel cognitivo de la metáfora en las lenguas. En palabras de Cuenca  la metáfora es un mecanismo cognitivo que se utiliza para procesar información abstracta a partir de conceptos más simples y familiares, que normalmente coinciden con los del dominio de lo concreto, aquello que se puede tocar, medir, oler, ver y oír. Es por ello que es difícil saber si el marcador discursivo anteriormente en el enunciado Anteriormente, hablé de la relación entre política y acumulación del capital se refiera tanto a un punto en el espacio, como a un punto en el tiempo. Los ordenadores del discurso, como por ejemplo, las palabras primero, segundo y tercero, también están transmitiendo una concepción lineal del tiempo, que en los textos se materializa con puntos en el espacio diferentes en la presentación de argumentos.

Así pues, el lenguaje, además de ser un sistema de símbolos, también es un instrumento en sí mismo para conocer la realidad. Una realidad que siempre está por descubrir, ya que nuestro conocimiento de la misma siempre va a ser limitado. A través de la metáfora se contribuye al proceso de designación lingüística, a la organización de nuestra experiencia y, en último término, a la construcción de nuestra realidad. Tal y como se señala en :  There is a parallel between our propensity to perceive things in terms of other things and our propensity to expand the meaning of words and expressions by figurative speech. En este sentido, no podemos dejar de señalar estudios como el de La metáfora como recurso epistémico , en los que se nos explica cómo las metáforas del lenguaje científico también determinan ya desde su concepción una visión del fenómeno analizado. Uno de los ejemplos más famosos, como sabemos, es la concepción del cerebro como un ordenador químico. También es justo señalar que no siempre podemos hacer comprensibles los nuevos descubrimientos a partir de nuestro conocimiento cotidiano de la realidad. De hecho, muchos físicos se quejan de que ciertos conceptos de la nueva física no puedan transmitirse didácticamente a falta de una metáfora que los haga comprensibles. La mayoría de las veces el mismo proceso de designación de los nuevos descubrimientos o conceptos es metafórico; pensemos, por citar uno, en la construcción lingüística un agujero negro.

Con estos ejemplos procedentes del mundo científico, esperamos haber ilustrado suficientemente el origen metafórico del lenguaje. Esta perspectiva no hubiera sido posible si no fuera por la investigación realizada por la Lingüística Cognitiva, y en concreto, por sus investigadores inaugurales, George Lakoff and Mark Johnson .

Pasemos ahora a tratar otros planos del lenguaje, como su relación con la acción, la lógica clásica y las emociones a la hora no solo de transmitir sino también de intentar construir nuestra subjetividad.

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