En el nivel fisiológico, la actividad mental tiene un correlato químico que determina buena parte de las emociones que sentimos. En palabras de Legrenzi: Las pasiones del alma no son independientes de las maneras de funcionar de la mente. La felicidad y la infelicidad, el placer, el dolor, la alegría y el luto están estrechamente entremezclados en los procesos cognitivos que los generan .

El estudio de las emociones ha recibido en las últimas décadas un gran impulso, no sólo por parte de la Psicología Cognitiva, sino también por parte de la Neurociencia y de la Inteligencia Artificial. Las emociones tienen también su correlato en el lenguaje. Localizar las formas léxicas que transmiten significado emocional sería una gran ayuda para los sistemas de comunicación hombre-máquina.

En la construcción del significado de los enunciados, la emoción que se les atribuya tiene un papel de gran importancia. Así pues, no nos interesa saber solo si un enunciado es verdadero o falso, o el grado de certeza que el hablante tiene con respecto al mismo, sino también es importante saber si, al hablante, los enunciados que produce o escucha le parecen bien o mal. Cuando aprendemos a hablar, las verdades también tienen un significado emocional negativo o positivo (esto es bueno, esto es malo) a través de las cuales se codifica el valor moral de las acciones de los enunciados y de las palabras. Los diez mandamientos son un buen ejemplo de ello. Ya hemos destacado algunos marcadores del discurso que dan cuenta del significado emocional de los enunciados. Afortunadamente, desgraciadamente o felizmente, colocados en posición extraoracional, son buenos ejemplos para ilustrar este fenómeno. En Pragmatext también ofrecemos un modelo para dar cuenta de las palabras que evidencian un significado emocional.

Aquí termina el primer apartado en el que hemos intentado explicar las raíces cognitivas de los fenómenos que vamos a etiquetar. Estos fenómenos se han presentado desde una perspectiva puramente introspectiva e individual. Ya sabemos que el lenguaje codifica nuestra interpretación de lo real, pero no sólo. Nosotros somos observadores de un universo infinito cuya conducta será interpretada por otros que también están observando la realidad bajo umbrales de percepción similares. Ahora bien, ¿cómo podemos estar seguros de lo que el otro está interpretando? La afirmación de que para que haya comunicación es necesaria una base de conocimientos compartida ya se ha convertido en un lugar común; sin embargo, todavía no hemos conseguido sistematizar racionalmente dicha base de conocimientos, ni predecir lo que es compartido y lo que no en una interacción comunicativa. En el siguiente apartado, hablaremos de cómo los individuos se comportan para construir y mantener una realidad convencional que los estudiosos han intentado sistematizar a través de los concepto de normaregla social y marco. Esta realidad artificial construida a través de nuestras prácticas sociales cotidianas se ha dado en llamar la intersubjetividad, y en ella se asientan los cimientos del significado de las lenguas.

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